jueves, 12 de febrero de 2015

Secretos

Busqué tus palabras de nuevo, ese saludo que alegraba mi día, ese dolor que me compartiste para que dejara de dudar de tus letras y todo lo que juntas formamos en casi cinco años de conocernos. Te quise encerrar dentro mio, como cuando te pensaba de noche, imaginaba que cocinabas, escribías, llorabas, extrañabas a tu perro o quizás a veces también reías.
Llegue a pensar que eras un fantasma, pero no de los que asustan de noche, sino de esos pocos, los que nadie reconoce, esos que despliegan alas invisibles y suelen llamarse ángeles. Aquellos que tocaron a mi puerta para presentarnos y hacerme saber que podía contar desde ese día y para siempre con tu compañía. Supe entonces que tu realidad era distinta, que cada mañana tuya era una noche mía, y que tus caricias no eran más que deseos que escondías.
Dudé. Y no era la primera vez que me pasaba, pero si la más profunda. Tiempo atrás conocí a alguien que sin saberlo hizo tambalear toda mi vida, y con solo contarme parte de la suya. La mía era un descarrilamiento constante y la suya era tan...tan...estructurada y desinhibida. Quise cambiarlo todo y seguirla, ver porque estaba tan feliz y reía tanto, estuve tentada de arrancarle su secreto y devorarlo todo, hacerlo únicamente mío. Estuve demasiado al borde, finalmente el orgullo me ganó y no pude.
Pero vos, vos eras otra cosa, la más linda, expresiva, sincera y la menos pretenciosa. Esa capaz de escribir que me querías, y borrarlo con la boca, la misma que ha entendido todas mis dudas, y aún así, jamas me preguntó nada. Y te lo agradezco, porque se que lo entendiste todo. Hasta creo que te alejaste por eso, porque te di miedo o te parecí por demás de estúpida.
Te siento, puedo visualizar tu día y saber que estoy fuera de eso. Imagino que dormís acompañada y aunque creo saber que sos feliz, me duele, porque ante determinadas cosas también puedo ser egoísta. Querer que estés tan sola como yo y pienses en lo que no fuimos, lo que quedó en el camino y las cosas que aunque implícitas en si mismas, cada una, a su manera, finalmente nos dijimos. Quiero eso. Que vuelvas. Me leas, me grites, te calles, me escribas, me digas...
Cualquier cosa, menos seguir soportando este silencio que me aturde.

6 comentarios:

  1. "Esa capaz de escribir que me querías, y borrarlo con la boca" <3
    Parece alguien cuya espectacularidad inunda el mundo. Alguien tan especial nunca podrá caer en el olvido y mucho menos ser objeto de sustitución.
    Seguramente ella también sienta lo mismo, tal vez lo esconda y te lea en la sombra.
    ¿Por qué no romper el silencio? ¡HAZLO!
    Un besito :)

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  2. Duele, si, porque el silencio es siempre una respuesta.
    Hay mucha intimidad aquí, algunos detalles herméticos, pero se aprecia la ternura con que describis tu tristeza y los eventos.
    Siempre el gusto de pasar por acá, dejo beso.

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  3. A veces el silencio es un castigo.
    Un abrazo.

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  4. el silencio es lo peor de lo peor, prefiero cualquier locura de palabras, palabras sin sentidos pero algo pq el silencio mata, pero los momentos los recuerdos esos nadie te los quita, me gusto tu blog, te sigo,

    saludos

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  5. El silencio puede ser como la oscuridad. Nosotros podemos poner la osucridad y el silencio, pero también lo hacemos desaparecer. Sobre el cómo, nadie puede aconsejar, nadie puede opinar realmente, sólo uno mismo lo sabe. Igual que ese "entendimiento implícito" del que hablas, qué hacer ante un secreto, ante un texto así sino callar y procurar entender, acompañar. (Y secretamente, celebrar la lectura de una cosa así).
    Un beso

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  6. secretos... esa dulce complicidad... "teniamos una fabula convertida en leyenda"
    en fin... secretos.
    como alguna vez dijo una gran gran GRAN poeta:

    Vení, sentí una melodía... Yo te invito...
    Vení, buscame. Acercate a mi cuerpo que te llama y quedate a su lado. Tomá mis manos con dulzura y si es posible, acaricialas en silencio. Vení, quédate conmigo.
    Ayudame a ver las cosas de manera distinta y por favor demostrame el costado probable. Mirame de manera sincera y no pretendas que hable. No puedo ser otra cosa más que esto. Lo que ves a simple vista y lo que te demuestran mis sentidos.
    Tapa mis ojos con algo, un simple pañuelo, o quizás, solo con tus manos, si es que soportarías mantenerlas firmes durante mucho tiempo. Y llevame. Sin pensarlo, sin recrearlo, ni siquiera imaginarlo. Llevame lejos…
    Mostrame que hay más detalles por cuestionar y menos problemas que analizar lejos de todo lo que conozco. Por favor, lo necesito. Susurrá en mi oído algo gracioso que contagie mi risa, y reíte conmigo. Pero no me dejes, por favor, nunca lo hagas.
    Caminá a mi lado y escuchá mientras respiro, porque no tengo deseos de pronunciar ninguna palabra. Las amo, y eso es muy importante, pero últimamente solo han hecho que me desconozca y pierda de vista mi norte. Hoy no quiero necesitarlas y probarme a mi misma que aún fuera de ellas subsisto.
    Dibujame un paisaje diferente, marino, montañoso, celestial, o total y completamente inexistente. El que quieras, y el que sientas que puede coincidir conmigo, con mis ojos húmedos convencidos de verdades que no quiero, con mis manos cansadas de acariciar corazones que ya no laten, con mis piernas perdidas en caminos sin salida, y con todo mi cuerpo vencido por tanto pasado triste…
    Por favor.
    Quiero solo eso, y no es mucho…
    Solo acompañame y juntos, deambulemos por un mundo distinto…

    Aunque solo sea por un par de horas...

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