Hace mucho tiempo esperaba este momento, lo imaginaba y juro que también sentía bajo mi piel cada sensación que, en su debido tiempo, seguramente debería percibir. Cerraba los ojos cuando el pecho me gritaba la ansiedad de escribir y me entregaba, dejaba que todos mis sentimientos me llevaran y me dijeran que estaba todo bien, que esperar nunca es por siempre y que finalmente, lo que tanto se anhela llega, sea como sea. En el instante en que debe ser y no cuando más lo necesito y cuando justamente muero por hacer lo que me calma.
Pero no, ni en este caso ni en ningún otro las cosas son así, nunca. Puedo aceptar diferentes opiniones, obviamente, pero en mi propia experiencia solo encuentro un no como respuesta, y lo único que hago, después de todo, es aceptarlo. Donde estaba mi literatura en esas noches que tenía frío y me tapaba completa, donde lloraba estando sola y sintiendo que el día que terminaba era algo más parecido al siguiente y a cualquier hora que mirara el reloj seguiría extrañando.
Hacía cualquier cosa por no pensar en lo que me faltaba, y no hablo solo de mis palabras, ya que en el mismo momento en que no las tenía, también estaba completamente lejos y fuera del alcance del amor. Estaba sola y ahora lo explico sin la necesidad de escribir una definición, porque me duele demasiado, o quizás, porque no lo quiero recordar. El teléfono se me hacía nada, en cuanto tomaba conciencia de la distancia y de la realidad que llevaba meses y la cual tenía que seguir así.
Me reencontré conmigo misma, en algún punto lo que vivía hizo que tuviera ganas de retomar otras cosas que me completan y no solo quedarme triste esperando o sentada sin mirar más que el patio de mi casa. Comencé a entrenar de nuevo, dos horas en el gimnasio por la mañana, y dos horas por la tarde salía a la ruta con mi bicicleta y mi música, a seguir ejercitando el cuerpo, pero más aún la mente y el espíritu, que tanto lo necesitaban. Todavía sigo con eso, y agradezco haber recomenzado.
Me regalaron un perro, un cachorrito de Rottweiler hermoso, que vino en el momento justo. Su carita y su necesidad de tener una familia, hicieron que llenara un poco mis noches y ocupara demasiado las horas de mi día. Su amor tan especial hizo que olvidara el miedo que le tenía a la raza, y mi rechazo a tener un perrito de esos. Su carácter familiar y la fidelidad que emana son tan increíbles que logró que cualquier pensamiento malo se alejara de mi mente, y aún respetando opiniones distintas, yo se, por experiencia reciente, (y sin tener en cuenta que me habían dicho que sería de esta manera), que es una de las razas más dulces, cariñosas y fieles que existe. Él, debe haber percibido algo de todo lo que yo vivía, porque ya tiene cuatro meses y no se despega de mi lado, lo cual hace que lo ame incondicionalmente.
Paralelo a ésto, mi gorda, (mi perra), la que ya les he presentado por fotos y escritos, casi me deja, (y no quiero pensar más allá de eso). Una noche se arrastró hasta donde pudo y no pudo caminar más. Al verme, con mucho sacrificio llegó hasta mis piernas, y ahí se quedó, gritando de dolor y yo muriendo de tristeza por ella. Luego de radiografías, estudios, y medicamentos, se supo lo que tenía. Le detectaron hernia de discos, lo cual, lamentablemente, es casi incurable. Puede vivir mucho más tiempo, o relativamente poco, lo cual, de una u otra manera, es absolutamente incierto. Los medicamentos aplacan su dolor de manera muy importante gracias a Dios, y salvo en momentos donde recae, hace una vida bastante normal. Así que, sumado a todo el resto de cosas que me pasaban, eso hacía que todo fuera aún más difícil de sobre llevar.
Muchos amigos que conocí mediante sus blogs, han dejado (ojalá que momentáneamente), de escribir en sus espacios y eso me pone un poquito triste. Lo que me reconforta es saber que lo que tenemos va mucho más allá de eso y sigo en contacto con ellos por otros medios. A otros les han pasado cosas muy muy tristes que yo también he vivido y más allá de sentirme sinceramente mal por ello, he decidido buscar la manera de acercarme, y ayudar humildemente.
Mi servicio de internet jamás se repuso, ni creo que lo haga, así es que tuve que buscar otros caminos, y es por eso que hoy estoy acá. Al sentarme nuevamente delante de mi compu, las sensaciones fueron traidoras, decidieron golpearme como no me lo esperaba y me puse muy nerviosa. Hace ya cuatro días que quiero tratar de sentirme diferente pero no puedo. Leo escritos anteriores, miro significados y me replanteo palabras, y lo curioso es que, no se, pero no me encuentro.
Hay momentos en los que las letras fluyen solas, siempre lo sostuve. Pero ésta vez, las mías se tomaron su tiempo, y llegaron a mi corazón en este momento, y no hace días, cuando ya estuve en condiciones de hacerlo. No quería volver escribiendo sobre todo lo que me había pasado, lo juro, pero simplemente me senté y todo esto vino a mí. Así es que, siendo fiel a mi misma, solo dejé que mis manos lo plasmaran y expresar todo lo que sintiera.
Nada más que eso.
Gracias a quienes estuvieron siempre. Realmente son importantes en mi vida.