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viernes, 3 de diciembre de 2010

Mis estigmas

En mi cuarto nunca hubo luces, al contrario, la oscuridad se tornaba implacable, mis ojos débiles y nunca pude escribir ninguna de mis historias. No supe del calor de la familia, (en el concepto urbano), del abrazo de un padre, (en su más pura esencia), de la tranquilidad de un sueño, ( en la paz de su existir más neutro), de una tarde de sonrisas en silencio, (en su melodía mas exquisita), ni de la compañía de un hermano, (en su lazo más profundo y sanguíneo).
Pero lo que si pude fue, ser yo misma en cada circunstancia que se esgrimía, sea cual fuere la causa o las miles de consecuencias. Pude sentirme menos que todo, y todos, pero saberme más y de un modo humilde, ante lo que sea. Supe continuarme en líneas de trazos ilegibles al tiempo que tracé rectas y curvas que nunca se tocaban,(como la ambigüedad del cielo y la tierra). Y pude también, aprender a aceptar lo que sea que quiera aparecerse por mi vida. El amor, la mentira, la duda, la incertidumbre, la inseguridad, la discriminación, la oscuridad, el dolor, el sufrimiento, la avaricia, la codicia y la muerte… que es quien más ha marcado los caudales de mi vida.
En mi casa escaseaba el alimento de cada día, los reflejos eran siempre adversos y la niñez era la única nitidez que bañaba los platos…la más mezquina. Él tenía el pelo lacio, y siempre brillaba más aun a la luz de la luna. Sus manos eran demasiado chiquitas y cabían perfecto dentro del hueco de las mías. De noche yo le leía, y él, dentro de su ingenuo silencio, simplemente me oía. Admiraba mi capacidad de contar historias, y aunque me viera leyendo, nunca supe si se dio cuenta de que en verdad era yo, quien las imaginaba. Y cuando ya no me hablaba, yo, casi entre gritos, y con una desesperación insoportable, le preguntaba  si se había dormido…Todas las noches lo despertaba…y hoy lo siento…Lo siento mucho Lu…pero tenía miedo…!! Creía que si vos me mirabas nada me pasaría y que si tomabas mi mano ningún fantasma me alcanzaría…
El tiempo corría demasiado rápido, en realidad, más de lo que debería; y eso es la causa principal de mi personalidad siempre tan adulta… de mis preocupaciones por cuestiones de grandes y de mi afán por ver sonreír a las personas. Dicen que quien sabe de la falta de algo, busca siempre la posibilidad de ver en otros, lo que interiormente le falta y es…perfectamente mi caso…Siempre buscando la manera de ver felices a quienes quiero, y siempre soñando con una felicidad que siempre sentí tan ajena y lejana de ser merecida.
Las cortinas reprendían el viento que se deslizaba por las ventanas siempre cerradas y el sol, nunca alcanzaba a mutilar la tediosa oscuridad que lamía las paredes, al igual que la lluvia mojaba constantemente el suelo que barría las nubes del recuerdo. La sinceridad brillaba en láminas de colores desconocidos y la compasión era quien más espacio adquiría en toda la plenitud del universo.
Yo dormía entre universos paralelos que jamás conocieron amaneceres junto a mis manos, y vivía y corría entre mantos de llanto que se deshacían ante las pisadas de mis pies chiquitos…siempre tan chiquitos…y solitos…
Soñaba con ser la protagonista de esas tantas películas que miraba durante infinitos días… Esas, donde el papá siempre mataba a todos para correr a salvar la vida de su hija…Esas, donde todo el tiempo se decían te quiero o se escuchaba el eco de un dulce y tierno te extraño…Esas, como la única vez que te tuve conmigo…aunque haya sentido también…que te sentías obligado…
Y ahora que escribí todo esto y me encuentro recordando, me siento mal nuevamente, vacía como en un principio y temiendo la llegada de un final inesperado. Absorbiendo la incertidumbre de no comprender si volveré a verte algún día, con el enojo constante de culparte por todo así mismo como yo misma tantas veces me he declarado culpable. Murmurando frases sin sentido muy a pesar de escribir para darle sentido y valor a mi vida, dibujando corazones que se dilatan en el frío de la lluvia y deseando que la realidad que vivimos hubiera sido distinta…
Las huellas de mis piecitos aún deambulan por aquella casa, al igual que los juguetes que nunca tuve. Mis lágrimas todavía duermen en esa cama y mis fantasmas todavía especulan entre los sitios donde yo estuve…
Puedo oírme leyéndote, como en aquellos tiempos…
Historietas en el suelo, las camas haciendo ruido, el silencio de la noche y ambos sumidos en nuestro mundo de niños. Hoy nuestro mundo es muy distinto, y los años han hecho lo suyo.
Pero yo si, sigo siendo la misma, y ya no puedo ocultar lo que quiero decirte…

Te dormiste Lu?
Estas dormido?
Vení…dame tu manito…
Que sigo teniendo miedo a que te quedes dormido...