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domingo, 10 de octubre de 2010

Sábado



Fue tan simple como sentarnos en el patio a mirar las estrellas. Fue un pequeño momento donde todo surgió inesperadamente y donde nada fue escrito, tan solo lo sentimos. Y ahora mis manos, lo transcriben fielmente.
Días enteros preguntándome el porque de mis preguntas, el color de mis mañanas y las causas de tantas confusiones ilusas. Mucho tiempo llevo queriendo entenderme para así poder descifrar que es lo que quiero y una oscuridad conocida dibujó delante de mi, todas y cada una de las respuestas.
Sonaba una música que me encanta, que hace que piense en todo y que me sienta incapaz de decirlo, una música que llega hasta lo más profundo de mis sentidos. Esa música que la denomino "mía".
El humo de la comida hacía que saboree sus gustos aún sin haberla probado y más, sabiendo que él la cocinaba para mí. No encuentro situación más simple que esa, pero de esa insignificancia luego derivó el resto. Restos de palabras silenciadas por las dudas, y restos de sentimientos queriendo evaporarse con el tiempo. Restos de un amor tan profundo como verdadero. Restos de mí que no saben a que sitio pertenecen y restos suyos, que siempre, saben ser sinceros conmigo.
Tomábamos ese vino que tanto me gusta y nos mirábamos. La música componía las letras de mi miedo y derramé lágrimas que acompañaban la quietud del momento. Lloré por sentirme injusta, lloré por no saber lo que quiero, lloré por tenerlo tan cerca siempre y yo sumida en mi bendito encierro, lloré, y lo hice del modo más sincero…
Él lo notó, y sin esperarlo demasiado, me formuló su pregunta…
- Que te pasa mi amor?
Dentro mío las palabras se agolpaban para defenderse de las artimañas de mi silencio, y por fuera, mi rostro dibujaba las marcas de mis miedos. Sentía un enorme vacío inexplicable, una angustia inmensa, una horrible sensación de incertidumbre y la música seguía retumbando en mis oídos.
Entonces me hizo otra pregunta,(y creo que más allá de que no le dije nada, entendió perfectamente todo lo que siento)… y como me duele eso…
Me dijo…
- Yo te amo, como siempre. Sabes que no podría vivir sin vos.
Y eso hizo que reviva aún más el latir de mis lágrimas apaciguadas y la culpabilidad que siento al no corresponderlo como se merece. Eso hizo que sepa que me ama y que lo hará absolutamente siempre.
Pude responderle, entre llantos tranquilos y le dije algo de todo lo que sentía…
- No se…siento que…me falta algo…
Y una nueva pregunta surgió de sus labios…
- Un hijo? Es eso gordita?
Si hay manera de decirme te amo que me guste más en todo este mundo incorrecto, es diciéndome eso, y lo sabe. Sabe lo que pienso sobre ese tema, lo que temo, lo que quiero, lo que espero, y lo que hace que me sienta mujer.
Le respondí como pude…
-No mi amor, no es eso. Es que no se que me pasa, pero siento que hay cosas que perdimos, y que me gustaban mucho. Siempre fuimos especiales y hasta toda la gente que nos conoce siempre nos recalcó eso… Siento que soy yo que no se que es lo que quiero.
Pude ver en sus ojos el choque de mis palabras, y como contenía su propio llanto, las lágrimas que bajaban por su alma y la sorpresa el escuchar lo que le decía. Y me sentí mala, odiosa, traidora y algo insegura.
Luego de eso una calma inesperada se apoderó de mi cuerpo, un color distinto brilló delante de mis ojos y todos mis sueños inconclusos se materializaron delante mío.
Él tomó mi mano y me llevó consigo, me abrazó en silencio y cerré mis ojos. Imágenes perdidas volvieron a mi mente y mi corazón ya no se sintió tan vacío. Mis manos estaban cálidamente reposando entre las suyas, y mi espalda ya no tenía frío. Mi existencia era ahora una frágil hoja que se aferraba al árbol más fuerte del mundo, sintiéndose completamente contenida. Me dió un beso en el cuello y siguió con la comida.
La música continuaba su ritmo y nos sentamos a la mesa.
No prendimos el televisor ni encendimos las luces. Una vela silenciosa acompañaba el ruido de nuestros cubiertos. Y entre la melodía que sonaba y nuestros ojos se entabló una conversación divina. La comida sabía distinta y era un manjar sublime para todos mis sentidos.
Y me miraba. Y lo hizo durante todo el resto de la noche.
Al terminar, luego de acomodar las cosas se acercó hasta mi y me dio un beso. Años entre sus manos, días entre sus palabras, segundos entre sus enojos, y milímetros entre sus problemas. Mucho tiempo al lado de una persona. Y eso incluye mucho…
Mucho tiempo creyendo que algo se perdía, y solo una noche necesité para entender que lo único perdido era yo misma, quien se dejaba arrastrar por pensamientos absurdos.
Mucho tiempo reprimiéndome involuntariamente y con un beso pequeño y sincero todas mis indecisiones ya no valieron nada.
Al acostarnos eligió otra música, de esas que también sabe lo que para mí significan y entonces se dedicó a acariciarme pero de un modo completamente distinto. Amortiguaba el dolor de mis heridas y me recordaba que él siempre fue, es y seguirá siendo, el amor de mi vida.


Y al dormirme, mi espalda le susurró a su pecho estas palabras…
Gracias Mi amor…
Yo también te amo.