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miércoles, 6 de octubre de 2010

Pasos



A veces el dolor es tu aliado. Se confabula con el miedo para aprovecharse de tus sueños y lo dejas que haga tranquilo. Te relata historias llenas de fantasmas pero te convence de que solo se trata de un hermoso cuento.
La ingenuidad y la fantasía surgen de tus sueños y vos le crees todo lo que te dice. Luego, creces un poco y ves que las cosas son distintas. Jugás solo, estudias mucho, amas a los animales y no tenes amigos. Tu idea de felicidad se arrastra por el suelo. Los días pasan indistintos y cada noche se burla de tus ansias de conciliar el sueño.
La oscuridad te persigue. Dibuja sus huellas justo detrás de tus pasos. Y descubrís que le tenes un profundo miedo.
Conforme pasan los años tu mente se forma con diferentes moldes. El de tu mamá que se asemeja a una amiga. El de tu hermano que se esconde de sus propios sentimientos. El de tu papá que solo sonríe cuando nadie lo está mirando. O el de tu abuelo, que te aparta de su vida solo por tu condición femenina. Y el tuyo, que siente hasta cuando una hoja se desprende del árbol y roza la superficie del suelo...
Más luego no entendes nada, Pretendés ser aceptada pero no estas dispuesta a sacrificar tus pensamientos, ni nunca serías capaz de hacerlo.
Pero un día, él se  muere.
Se borran sus golpes y el reflejo de sus ojos. Desaparece el desprecio y los gritos ensordecedores. Entonces la vida te obsequia el don de la culpa. Ese don de reprocharte todo, solo, por haber nacido distinto. Ese manto oscuro que pesa sobre vos, para todo el resto de tu vida.
Se fue y no se lo dijiste nunca. Muchos te dicen que estés tranquilo, que ya lo sabía.
Y yo, otra noche en la que escribo todo lo que siento y duermo en compañía de la misma pregunta.
Se puede saber lo que nunca se dijo...?