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martes, 5 de octubre de 2010

Sabores



Que tus manos suden en mi cuerpo y que tu existencia acabe en mi boca. Que todo surja inesperado y se convierta en un error de los más perversos. Que todo se simplifique, aún si mi deseo no te lo pide.
Quiero que tomes esa fruta divina y con ella recorras mi cuerpo. Tus dedos pulgar e índice, serían los indicados para el trabajo. Y acariciame despacio...
Deslizala desde el cuello hasta mi garganta y detenete en mi escote. Mirala de cerca, pero no la toques. Se que querés morderla, pero no es el momento. Ahora bañala de ese líquido blanco y llevala hasta mis labios. Sabes que amo lo dulce... Sabes que ardo por tu contacto pero no abuses. Soy una criatura indefensa que late, pero que moriría tranquila si es entre las líneas de tu cuerpo.
Dejame que la bese. Que disfrute sintiendo como el frío que me toca se derrite al derramarse por mi cuerpo. Dejame que sufra. Que anhele, que espere, que sobreviva a tan exquisita condena.
Ahora mis labios avocan el contraste perfecto. El labial rojo brilla silencioso debajo del blanco...tan dulce...tan sabroso. Mi lengua los humedece despacio y ves lo que hago. Pero no lo imites con tu boca, no es necesario.
Ahora quiero que continúes bajando. Que mi ombligo quiere ser el anfitrión de tus besos y mi pelvis el descanso de tus caricias.Y dejá que la fruta, ahora, se compare con mis uñas. El color es el de siempre, el que nació junto a mi cuerpo evanescente. El mismo que define la blancura de mi piel ardiente. El que nutre de colores la oscuridad de mi vida. Soy negro durante el día y un rojo muy, muy egoísta durante la noche, y eso te gusta.
Seguí consumiendo mi dulzura a un mismo ritmo. Llevá la fruta hasta tus labios y mordela. Saboreala, pero despacio, muy despacio. Y mientras estás haciéndolo, sonreí para mí. Mirame sobrador y soberbio, fuerte y decidido, sincero y desinhibido, que es lo que quiero que sientas cuando estás conmigo. Mirame con amor y con ese brillo distinto...
Ahora solo besame. Acariciá mi silencio y susurrá en mi oído. Detené el tiempo y fundite en mi alma. Que la noche es larga y no está entre mis planes, quedarnos dormidos.