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martes, 21 de diciembre de 2010

Existencial

Mi vida entera, puede verse reflejada en esa foto...


Todo comienza despacio, en silencio, insinuante. Se presenta superfluo, tiritante, imaginativo y espectante. Susurros del tiempo que no vivimos, experiencias de hoy que no entendemos y miles de sueños futuros que nunca tuvimos.
Luego, todo se ve difuso. No hay colores definidos, no se descifran sílabas claras ni se dibujan canciones anteriormente perdidas. Se diluye la arena, se absorbe el silencio, se escurren las lágrimas, y se dilata el tiempo.
Las horas corren mientras que los días parecen sucederse sin sentido. El sol que no quema como en tus recuerdos, la luna, que ya no alumbra con el mismo brillo y el momento, que ni siquiera retiene sus sentidos. La infinidad queriendo decirte que no ha pasado nada y la cotidianeidad recordándote constantemente que nada es lo mismo.
Todo comienza despacio, en silencio, insinuante, pero luego se transforma y permite que veas con más claridad todo lo que ocurre. El mar sigue estando lejos, muy lejos...Mañana sigue existiendo en tu mente pero nunca conforma realidades y el olvido parece que no entiende, o no quiere, golpear las puertas de tu corazón...


Finalmente, sí, lo entiendo. Comprendo que hay más cosas por las que vivir, y muchas más razones por las cuales puedo permitirme morir. Asimilo las señales de la vida y sigo, sigo siendo la misma, sigo pensando igual y sintiendo exactamente lo mismo. Salvo algo. Un detalle...una secuela...una nueva verdad...
Ya nunca, pero nunca nunca, voy a creer en eso que llaman eternidad