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viernes, 3 de septiembre de 2010

Sed

La noche atrae a la venganza, y cada minuto que pasa es la decadencia de la derrota, el murmullo de la osadía alumbra los deseos que se esconden y el humo juega un papel muy importante en la esencia de la historia.
La música por momentos se funde, completa el ruido de los cuerpos y acentúa la calidad de la compañía. Atrae a las víctimas…Engatusa a quienes se creen superiores y los transforma en criaturas débiles, deseosas de rendirse ante los lazos de la locura y temerosas de que esto, sencillamente les guste. Alentando las emociones…
La bebida contempla las variedades de las criaturas y observa todo desde arriba, desde ese lugar de supremacía que indiscutiblemente le corresponde. Deshace inhibiciones… El espacio se agranda y todo cambia sus posiciones. El cuerpo flota, la mente se esparce, la lujuria crece y el deseo se expande. Creando situaciones
Los colores recopilan marcas, y con ellas arman un panel de posibilidades. El que habla de tal o cual manera, la que baila o la que se queda quieta, los que se miran toda la noche y los que sin pensar en nada más, se animan. Aumentando las ganas…
En medio de la pista un cuerpo solitario. Bajo una remera lo suficientemente discreta se diluye la profundidad de su escote, produciendo las sensaciones que exactamente quiere provocar en otros, y lo consigue… Sus manos sostienen un vaso que pronto dejará de ser su fiel compañía, y sus piernas delinean sagazmente las huellas de su deseo. Sabe hablar con la mirada, al igual que convence a cualquiera con las mentiras de su rostro. Es la que todos quieren y a la que nadie mira… Es esa que no pertenece a nadie, y a la que le gusta ser el sueño de algunos. Es la que muestra lo que quiere y no teme a quienes quieran entregárselo. Aunque en el fondo, sea lo más cercano a un ángel que puedas encontrar en ésta vida.
Al otro lado de la pista, una figura observa todo. Un todo que disimula lo que en realidad quiere, y una mirada que se clava justamente en la espalda que más le gusta. Un ser humano que siente que eso es lo que desea, y que hará lo necesario para obtenerlo, sin importarle nada. Un poco aturdido por la manía de sus ojos por no dejar de mirarla, sabe que va a ir a buscarla. Siente que ésta será la noche para tenerla y no está dispuesto a que nada modifique sus ideas. Sabe lo que quiere y no teme pagar el precio de correr el riesgo.
Las pautas del momento se marcan y de pronto ambos se encuentran frente afrente. No hay miedo bajo el deseo más exquisito, ni dudas entre los ojos que se encuentran. De nada servirían las preguntas si ambos suponen las respuestas que oirían. Es el turno del silencio. De la examinación minuciosa de la piel del otro, y de la manipulación del tiempo para que éste se mueva lo más lento posible.
Es el indicio para que las manos se encuentren y juntas recorran los límites de los cuerpos. Es la señal para que las ansias se enciendan y para que los sentidos se exciten. Es la hora y el momento indicados para que ocurra todo…
Ambos lo sienten y se desnudan mediante respiraciones ansiosas. Ambos callan para no envidiar a las palabras que luego de ser dichas, podrán rozar tranquilas el cuello del otro.
Ambos observan los latidos que se alteran pero él lentamente se acerca…
Y yo, siento como la piel de sus labios seduce a la decencia de las líneas de mi boca…