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jueves, 30 de septiembre de 2010

Equilibradamente inestable



Hay veces en que el aire no siente tu peso y decide regalarte un paseo. Te toma de la mano inquieta y te aferra fuerte, haciéndote saber que jamás permitiría que te caigas. Y te lleva, te coloca en la cima de los momentos y sobre las sombras del mismísimo cielo. Te regala unos anteojos enormes y te permite que sientas con la mirada, que escapes de las condiciones y que aprendas a quererte a vos mismo. Y también se ríe viendo tu cara de gran sorpresa.
Hay momentos en los que deshace tu castillito de arena y lo llena de escombros pesados. Desparrama rocas insostenibles para que tu cuerpo frágil y maltratado las arrastre y te deja solo, para que como sea, acomodes todo ese inmenso desparramo. Y vos, incrédulo y completamente enojado, te arremangas refunfuñando y comenzas a sufrir ante tamaña proeza. Pero al final del día, aunque no lo demuestres, sonreís, al ver la pila acomodada de la manera más correcta.
Luego, hay días en que todo es de un negro tan oscuro que te preguntas si alguna vez supiste lo que era la oscuridad más espesa o solo la imaginaste en tu ingenua conciencia. Gritás golpeando puertas que nunca se abren y olvidas por completo que las llaves están en el bolsillo de tu campera. Cerrás los ojos para ver si todo desaparece o si era un sueño más de esos, y no tratás de ver como solucionarlo vos mismo. La nada se apodera de cada rasguño de tu alma y se atribuye para si misma, cada centímetro que nunca cicatriza. Y la dejas que corra libre dentro y fuera de todo tu cuerpo.
En otras ocasiones elegís la máscara que más te gusta y te la ponés para salir a la calle. Para mirar a todos aquellos que se dicen felices y en base a eso compadecerte a vos mismo. Lamentarte de no ser ese que esperabas y haberte convertido en ese que podías. Odiarte por perder al amor de tu vida y no haber corrido lo suficiente para alcanzarlo. Recriminarte por ser tan inútil, o sentirte menos por jamás haber sido amado.
Y es que para eso siempre hay tiempo. Y a ese tiempo si sabemos aprovecharlo, olvidándonos de que hay otro, que no siempre estará esperándonos.
Creyendo que solo por ser “nosotros”, tenemos la suprema capacidad de decidir todo de la manera en que queremos o simplemente deseamos…




Alguien me dijo que todo está en mí, y francamente, solo lo escuché con la mirada. Pero cuando estuve sola y pensé en sus palabras, mi corazón corrió a mis brazos y sentí su latido cansado. Recorrí sus marcas y sentí la sal de cada una de sus heridas. Observé como se dedicaba a ser lo que yo necesito y no lo que él en realidad quería que yo sea.
Y fue cuando entendí todo.
Solo en ese momento.
Solo cuando fui capaz de volver a revivir el dolor que vive dentro mío, pude ser y sentirme consiente de lo que ese alguien me dijo.
No necesito pedir nada a nadie, porque yo soy quien ya lo tiene todo. En mí está el silencio de las lágrimas, el recuerdo supremo, la palabra justa, el color más hermoso, la realidad más oscura y el sol más brilloso.
Todo está en mí. Absolutamente todo.
Solo que está detrás de mi puerta mejor cerrada y debo ser fuerte si quiero abrirla.
Y voy a hacerlo despacio, golpeándola fuerte, pero durante mucho tiempo. Para que sepa que de este lado hay alguien que ya no teme que sea abierta.


De todas maneras no debo tener miedo, ni sentirme sola.
Las llaves están en el bolsillo de mi campera y la fuerza, en el centro de mi corazón…




Pero a pesar de todo, duele...y mucho...