Dedicarnos momentos de furia, es una forma de acrecentar el deseo de tenernos, porque ambos medimos fuerzas y nos dedicamos a probarnos. Mal interpretamos nuestros actos y hacemos que todo parezca una batalla. Donde ganadores nunca sobran y perdedores jamás faltan.
Recorrernos con sílabas dolorosas es señal de que nos conocemos demasiado, y de que juntos sabemos como y hasta que punto maltratarnos. Podemos rever nuestros errores pero jamás borrarlos, al mismo tiempo que entendemos, que nunca podríamos juzgarnos.
Esperar a que alguien diga basta, es el momento que más esperamos. Nos obligamos a volver a mirarnos y nuestros ojos terminan por perdonarnos. Suena a locura el hecho de ser parte de una misma vida, así como también, el instinto de incondicionalidad que nos une.
Ser dos es muy difícil, pero ser solo uno, es lo más complicado. Dejar de lado el sitio del cuerpo para que lo ocupe el alma, y alejarse del propio pecho para fundirse en el del otro. Posicionarte sobre la sombra de sus manos pero siempre bajo la suavidad de le textura de sus besos.
Porque la piel puede ser tuya, pero puede sentirse viva, solo cuando se deshace entre sus manos.
Y que alguien me diga si es posible definir exactamente la locura...


