Pacífica comienza su vida en el aire. Luego, lenta pero profundamente, se inspira a si misma dentro de su esencia y colma las fibras que se deshacen en retazos de olvido. Desciende al compás de la tranquilidad que la delata y descubre a su paso, cada marca de debilidad que formaba la piel destruida.
Se nutre de sensaciones impares y en completo silencio las transforma en mariposas dulces que duermen en el cuerpo sin la necesidad de recorrerlo. Deambula entre palabras inaudibles y cobra vida en medio de tormentas sin dueño.
Borra lágrimas mucho más allá del tiempo y desnuda el alma con el simple roce de la movilidad de las yemas…
