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sábado, 4 de diciembre de 2010

Compartiendo latidos, noche, dolor, y retazos escondidos


No hay engaño, y es cierto que nunca lo ha habido. El tiempo nos entretuvo en sus más bajos juegos y nosotros caímos. Olvidamos que la vida no es existir sino sentir, y basándonos en eso nos aferramos a la idea de solo intentar.
Muchas situaciones quisieron que la lejanía fuera suficiente, pero el rencor escondido logró que el final fuera escrito por un sentimiento mucho menos incomprendido. Nadie dijo que lo fácil tenga sabor a difícil, ni que lo complejo sea fácilmente digerible, muy por el contrario. Podría pasarme el resto de la noche ahogada en esa pregunta y seguramente que no llegaría a mis manos, ni la más mínima respuesta.
Nunca la capacidad es suficiente si lo que se busca es ser comprendido. Nunca se expande el alma lo suficiente como para rozar la vida del otro, lo intenta, se esfuerza, se dilata, se exime, se expande, se deshace…pero no lo logra.
Aunque contradictoriamente, la mía si lo haga…
Puede sentirse la liviandad de la libertad ajena, el color de todo lo que uno no tiene, cada amanecer en claridad natural mientras que cada rasgo de tu vida sea un oscuro vacío.

Pero lo que no se logra nunca, es la defensa perfecta ante el reflejo de todos tus deseos materializados en otro cuerpo.
Latiendo tan vivo… delante del tuyo.