Sinceramente no se nada de tu vida, pero al tenerte delante pude conocerte en un instante y saber de pronto que eras todo lo que esperaba. Cada centímetro de piel ausente descubría para mi una soltura que muy pocas personas tienen, y dibujaba en lienzos amarillos todos los rayos del sol que se amalgamaban con tu aura.
Te vi…perdido… Me aproximé a tus manos y por la forma en que estas se asemejaban a una caricia, noté que buscabas mucho más que la explicación a la nada. Pude divisar marcas de árboles caídos repletos de besos que aún nadie te ha dado, y me di cuenta de que estabas triste. Me coloqué entre tu pecho y mi espalda y te di todo el calor que tenía, te di el sentir de mi cuerpo para tratar de que te sirviera como una pequeña compañía, y lo que es peor, te entregué todos mis secretos para que así te des cuenta de que sentimos lo mismo.
Me transformé en lágrima pero cubierta de sueños, y te bañé en silencio mientras repasaba mentalmente las líneas de tu desconocido cuerpo, y me sentí…no se como describirlo. Me coloqué un traje de sueños y concientemente me paseé por dentro de tus ojos, acaricié tus párpados por dentro y los rocé en mi más absoluto silencio. Me desnudé de límites inoportunos y me adentré en tu cuerpo… Floté en nubes de paz y me enceguecí con los reflejos del silencio, al tiempo que me perdí entre tus besos, esos mismos que jamás podrán rozar la delicada piel de mis labios.
Más tarde, cuando ya no te veía, ni sabías que yo aún estaba contigo, pude expandirme y contraerme al compás de mis más sinceros pensamientos. Permití que me colmara esa sensación de vacío que nadie entiende, la misma que se siente cuando has estado frente a la razón de tu vida y no has sabido decírselo…
Y pude…
o creo haber podido…
responderme la pregunta que avienta mi vida por el más sucio de los suelos…
Y ahora, que hago con todo esto?
