
Tu cuello me marca un nuevo destino y comienzo a recorrerlo despacio. Un temblor despierta tu boca, y sonríe en un absoluto silencio. Observo las muecas de tu rostro y me muero por dentro. No te lo digo, pero lo demuestro, y, aunque no lo haga explícitamente, se que sabes reconocerlo. Se eriza ahora la piel de tu pecho y el bello que la cubre se torna libre y débil al contacto de mis besos. Los poros se dilatan intentando retenerme por más tiempo y decido que ya has tenido suficiente.
Me alejo.Una gota astuta resbala por mis labios y hace eco en mi cuerpo, mi escote la recibe en silencio y le abre camino hasta mis pechos. La ropa parece mimetizarse con mis fibras y la dejan sola…para que caiga…
La transparente gota recorre mi piel sedienta y resbala tranquila por las líneas de mi figura. Mi vientre la espera inmóvil, ilusionado de merecer su roce, y aguarda que esta lo nutra y le explique lo que es ser necesitado. Y poder sentirse acariciado…
Mi entrepierna es ahora la anfitriona en el nuevo camino y la recibe inquieta sabiendo lo que despierta en ella su contacto. Las piernas custodian su viaje y se pelean para ver quien es la primera en sentirla.
Mis ojos se cierran, mi cabeza se inclina levemente hacia atrás y mis labios recorren la textura del hielo. Mi cuello se enfría de inmediato y mi alma se reconforta en silencio.
Mientras tanto, la gota, acaba silenciosa su recorrido haciendo eco en el suelo.
Y yo tiemblo como si verdaderamente lo hubiera sentido…
Tus ojos, si pueden ser llamados de esa manera, se deleitan con la sutileza de la escena y cada rincón de tu cuerpo me llama para que me coloque más cerca.
Y yo, que me deshago por sentirte dentro mío, simplemente me alejo, me visto de misterio y te invito a que nuevamente juguemos.
Rogando porque tu respuesta no tarde demasiado tiempo…