Hubo un tiempo donde nada me recordaba lo que significaba haberte perdido, donde el simple hecho de sonreír borraba de mi mente las lágrimas que segundos antes recorrían mi rostro.
Mis manos siempre fueron iguales, pequeñas, suaves y queriendo esconderse detrás de las mangas de la ropa. Como una compulsiva obsesión por esconderse…Recuerdo que una noche, en que la tarde se hizo eterna, me encontraba a tu lado, en la famosa cama grande…y escuchábamos tu radio…Los partidos interminables, la descarga característica y los locutores hablando y hablando…(no se como te gustaba oír eso, pero con gusto lo soportaba con tal de estar unos minutos a tu lado). No se si lo sentiste, no se si te dio gusto, no se si resultó extraño, ni tampoco si llegó a molestarte…pero a mi…me hizo entender que no necesitaba nada más que eso para sabernos felices…
Los dos solos, en un silencio repetitivo, en una escena increíble, en una noche cualquiera, en una casa destruida, en un rincón oscurecido, en un mundo apartado, pero en un sentimiento que quizás, si haya sido compartido.
Como saber si mis deditos fueron capaces de alcanzar tu corazón dolorido? Como convencerme de que tu rostro vencido fue capaz de sentirme? De que manera explicarme que fui capaz de entenderte?
Y sentí tu rostro…
Una barba oscura, de una textura áspera, una piel cansada de rasgos fuertes, unos ojos negros escondidos detrás de esos lentes…(sabes que los tengo, sabes donde los guardo, sabes que los miro y que a veces, me gusta sostenerlos entre mis manos)…Sabes que nunca podría deshacerme de ellos.
La radio aún se oía y creo que vos dormías. Yo, en cambio, apoyada sobre mi codo te miraba. Contemplaba las expresiones que me persiguen en mis sueños, trataba de grabarme tus facciones como para después, cuando el tiempo pasara, me ayudaran a recordarte para siempre. Escuchaba tu respiración tranquila y en silencio sonreía…
Afuera, en el comedor, las voces comenzaban a hacer eco en tu sueño y rápidamente te despertabas. Al dirigir tu mirada hacia mi cara, asombrado me mirabas…porque te era difícil entender que tu hija te admiraba?, porque no entendías que aún siendo parte de la oscuridad de tu existencia yo te quería…?.
Luego de mirarme me preguntabas…te pasa algo?...Y yo, resignada, triste y tratando de que no lo notaras simplemente te decía…
-No pasa nada Pa, mamá dice que te levantes que la comida ya está servida…
Muchísimos años después logré comprarme una radio como la que él tenía, la que escuchamos esa noche. La guardo en el cajón junto a sus lentes, y de vez en cuando la enciendo. Y recuerdo los partidos y la descarga característica y como si el tiempo no hubiera pasado nunca…Los locutores siguen…hablando y hablando…

tu blog está dando un giro interesante, inesperado, estás mostrando otra fibra, o tal vez sea la misma y antes no la veía-
ResponderEliminarme encantó la sutileza de esta frase:
"Mis manos siempre fueron iguales, pequeñas, suaves y queriendo esconderse detrás de las mangas de la ropa"
NMI, que recuerdos!
ResponderEliminarsabes? papá acostumbraba
escuchar el futbol en la radio
mientras veía otro juego por la TV
a mí, nunca me gusto el fut,
pero,
como lo extraño!
un beso
si-
ResponderEliminara mi hay tantas cosas que me hacen volver.
veo que no soy el unico que comprende mi frase "tardes anaranjadas y domingos de am".
hoy no me salen las palabras. tal vez sea mejor asi.
leerte es volar en el tiempo..
un saludo desde la lejania.
Me ha encantado. =)
ResponderEliminarPor cierto, no te lo dije la última vez qure comenté tu blog, pero me encanta tu cabecera ^^
¡Un beso!
Precioso!
ResponderEliminarUn abrazo!
Es curiosa y selectiva la memoria que nos queda de nuestros seres queridos. Desprende mucho sentimiento lo que compartiste hoy.
ResponderEliminarUn abrazo
Preciosísimo este relato!! Y cuánta razón tienes. Aún no me pasó eso con ninguno de mis padres (afortunadamente), pero creo que el día en el que pase va a ser una cosa muy parecida a la que describes.
ResponderEliminarMuchos besos lindaa:)
Me ha recordado un poco a Ana FRank.
ResponderEliminarEs muy difícil callar para nosotros cosas así, pero tras hacerlo un par de veces, nos acostumbramos... y al final guardamos ese sentimiento para siempre.
genial! Besos :)
Es muy bonito, precioso.
ResponderEliminarY es increible la forma en que la memoria rescata detalles cotidianos que se pasaron por alto cuando alguien ya no esta.
Es lindo, me hizo pensar un poco, me gusta, recordar muchas cosas simples que me gustaban hace tiempo y que he ido olvidando. Como el olor de las sabanas de la casa de los abuelos. Hermoso.
ResponderEliminarBesos...
Me has hecho recordar escenas mas o menos parecidas con mi padre... y me has removido un poquito los latidos.
ResponderEliminarAsi que te lo agradezco en serio, por traerme con tu relato sentimientos que parecian olvidados...
Muaks!
Qué preciosidad.
ResponderEliminarHay veces que apetece recordar, eh?
ResponderEliminarBesos.
Qué recuerdos más tiernos. Ojalá nunca se borren de tu mente; para él seguro que también fueron especiales.
ResponderEliminarBesitos