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jueves, 23 de septiembre de 2010

Obstinación

Basta de absurdas revelaciones sin sentido, basta de resúmenes idiotas sobre ecuaciones que no existen, basta de murmullos que solo callan lo evidente y ya no más teorías que jamás se aplican a lo que se vive. Basta de decir "ayer" pensando en "mañana" y basta de creer en el "hoy" sintiendo que no vale nada, basta de sentir que "ayer" se olvida cuando nunca se borrará de la memoria. Basta de ser lo que somos para dejar de lado que queremos, y basta de conclusiones ilusas que solo hacen que nos veamos normales.
Basta de días eternos con sonrisas parciales, basta de amaneceres ocultos y de sábanas viejas. Basta de somnolencias reprimidas, basta de sueños lejanos, basta de noches imposibles y basta de semanas resurgentes. Basta de "no" por cortesía y basta de "si", por obsecuencia. Basta de "nosotros" por obligación y basta de "vos" por mera coincidencia. Basta de minutos inalcanzables, basta de relojes a cuestas, basta de túneles oscuros y basta de figuras sinuosas. Basta de "aún" por convencimiento y basta de "todavía" por conveniencia. Basta de sentimientos perfectos y basta de siluetas impuestas, basta de sílabas borrosas y basta de silencios indirectos. Basta de manías perversas y basta de juegos efímeros, basta de deducciones posibles y basta de ideas impuestas.
Basta de superficialidad reticente y basta de materialismo supremo, basta de líneas rectas y ya no más simbolismos indescifrables. Basta de dolores reconocidos, basta de anhelos recurrentes, basta de odio idílico y basta de sobornos a los sentimientos.
Basta de vos, basta de mi, basta de aquel, basta de ese, basta de esa, basta de esos, y de todos y cada uno de nosotros. Basta de sensaciones frías, y por favor…
Ya basta de personas que, valiéndose de mentiras, logran hacer que creamos que si,que en éste mundo insensato e inflexible, existe alguien que puede sentir exactamente igual que nosotros.Y ser absolutamente verdadero en todo lo que profesa sentir dentro de su alma…

Hay quienes dicen que el perdón no se le niega a nadie.
Y yo, digo que, hay quienes nunca deberían conocer la gracia de ser perdonados.


martes, 21 de septiembre de 2010

Tacto

Tomo el último trozo de tiempo que queda y lo coloco entre mis manos. Lo aprieto lo suficiente como para que entienda de lo que hablo. Para que también sepa lo que es sentirse presa de algo, o de alguien. Lo presiono lentamente, pero cuando intenta escaparse ejerzo una presión más fuerte, para que desista.
Lo moldeo según mis ganas, y no, de acuerdo a sus gustos. Le hago saber que no soy la misma, y que nada me provoca lo que antes. Le explico que poco a poco, dejo de sentir miedo. No hablo, sencillamente, porque no lo creo necesario. Y es que entre nosotros se ha creado un lenguaje mucho más sencillo, y creo que éste es el momento apropiado para hacerlo más complejo. No siempre tenemos que entenderlo ambos.
Lo observo mientras me mira queriendo provocarme lástima, y por un fugaz segundo me tiento con creerle. Pero no, no voy a hacerlo. No me lo merezco. No debo permtirme instantes como esos.
Mi tacto se debilita y él comienza a rebelarse, se enciende en silencio y arde como un manojo de cenizas avivadas por el viento. Marca mis dedos pero no logra zafarse. Me quema, pero aún así, lo sostengo, y no pienso dejar de hacerlo.
Cuando yace inquieto luego de intentarlo todo, cambio mi táctica y lo acaricio, suave, delicadamente. Lo llevo delante de mis ojos y con un susurro casi inaudible le digo...
La última palabra la tenés, solo, porque yo te la doy. No porque vos seas dueño de ella. Y disfrutalo mientras te dure, porque falta poco para que deje de hacerlo...
Y cuando siento que tiembla lo suficiente, lo suelto. Lo dejo que se vaya con el aire que le pertenece y que se pierda, hasta que yo, decida volver a buscarlo.


Casi siempre, en la primavera llueve.
Y hoy parece no ser momento para las excepciones...

viernes, 17 de septiembre de 2010

Mecánicamente

Hoy pensé que la vida es automática. Que todo se rompe y con un mecanismo mágico luego se recompone. Que más allá de cualquier herramienta posible lo único que verdaderamente no se recupera es el corazón.
Y el mío lleva años guardando fotos de cada situación que pasó delante de sus ojos, y de cada palabra que nunca llegó a rozar sus oídos. Es adicto a los detalles más pequeños, esos a los que nadie acude. Y a veces, no quiere reconocerlo.
Luego pensé que tengo que dejar de pensar un poco, para ver si mágicamente,se recomponen los engranajes de mi conciencia. Si se puede llegar a perdonar a si misma para luego volver conmigo y ayudarme a salir de la oscuridad dejando de contribuir a que cada día me hunda un poco más en ella.


Para volver a mirarme a mi misma, debo encontrar el rincón del camino donde me quedé escondida y la palabra que marcó mi destino, así como también es necesario que quiera hacerlo. Y, siendo totalmente sincera, si, quiero.

Pero no se si puedo...

jueves, 16 de septiembre de 2010

Soledad

Quisiera decirte infinidad de cosas pero te juro que me duele no sentir nada, no poder gritar lo que por dentro arde hasta llegar a quemar, y no poder tocarte con el filo que las palabras que hieren la debilidad de mi interior. Desearía poder retenerte acá, al lado de la sangre que cubre mi corazón para que sientas su olor y entiendas lo suave que se siente sangrar, y puedas palpar lo mucho que duele.
Nunca pude apartarme de la forma que tenía tu cuerpo cuando te sentaste a mi lado para decirme que aún pensabas en ella, esa que nunca supo que te gustaba cantar de noche y escribir de día, esa que no pudo ver que te gustaba que te acaricien el pelo mientras dormías y esa que fue incapaz de mantener intacto cada silencio con los que decías tanto que era imposible hacerte callar. Y vos seguías pensando en ella.
Pude haber optado por quemar tus recuerdos y no dejar que me arrastraran pero siempre me gustó el calor y el color del fuego y no me fue difícil flaquear. Vos no supiste nada, no entendiste que te amaba y que durante más de cinco años había sido tu hermana, tu amiga, esa persona que la vida te regala en algún costado del camino y que se convierten en las partes de la piel que luego, con los golpes y el tiempo simplemente se caen. No, a eso no lo viste. Y no te importó lastimarme, jugar con lo que latía en tu pecho, que no era otra cosa más que mi corazón, el cual te entregaba después de creer que si lo merecías, y no eras otro más de esos que no valen nada.
Dijiste palabras que nunca dejaron de golpear mi mente y sencillamente te fuiste. Caminaste hacia tu casa y no miraste atrás. No necesitaste abrazarme para secar mis lágrimas, ni sentiste ganas de pedirme que te perdone, como tampoco fuiste capaz de pensar lo que yo sentía. Caminaste hasta tu casa y aún puedo ver el contorno de tu espalda que cruzaba la calle perdida en quien sabe que pensamiento. Pero no en mí, no en mi sufrir, no en mi dolor ni en la impotencia que sentí.
Y yo me quedé ahí, sentada en silencio, sola y con frío, sintiendo como en el bolsillo de mi campera se rompía el papel que contenía la carta que te había hecho, donde te explicaba todo. Donde te daba las gracias por devolverme la felicidad, donde te contaba que después del abandono que me produjo la muerte de mi papá me habías devuelto la capacidad para confiar, y donde te explicaba lo mucho que significabas para mí, lo mucho que te amaba y lo lindo que se sentía ser correspondida.
Pero todas esas palabras solo fueron escritas para mi, para mi alma ingenua y para mi corazón iluso que se creía merecedor de que otro le diera su amor y que fuera de alguna manera, solo para él.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Efímero

Juguemos a desconocernos, a no sentir que estamos conectados y a intentar olvidarnos lo que somos. Juguemos a no ser parte uno del otro, a dejar que cada uno sepa su camino sin tener que esquivar obstáculos ajenos. Tratemos de basarnos en lo que no entendemos.
Alejate de mi mano cuando la estiro para tocarte y dejame sola cuando lloro por no alcanzarte. No caigas en las trampas que te presentan mis pensamientos. Separate de mis ojos aún cuando éstos sangran detrás de tu reflejo, y hace de cuenta que nunca te han mirado. Y si es necesario, lastimalos. Recreá escenas lo suficientemente creíbles y exponelas delante mío. Dejame.
Borrá mis huellas de tus oídos, y que ya no te importe ser parte de mi destino. No quieras volver a escucharlas porque ya nunca caminaré alrededor tuyo. Es que descubrí el verdadero tamaño del mundo y ahora se que va mucho más allá de la sombra que dibuja tu cuerpo. Olvidame.
Quemá los recuerdos que aún se conservan dentro tuyo, porque bien sabemos que son y siempre fueron nada más que míos. Tomálos a todos deprevenidos y arrojalos al fuego en silencio, porque los conozco demasiado y se que tratarán de convencerte de lo contrario. Se lo mucho que les gusta el calor de tu pecho  e imagino que querrán permanecer allí para siempre. Arrancame.
Juguemos a no saber que nos correspondemos y dejemos que el otro haga lo que quiera con su tiempo. Juguemos a no ser nosotros solo cuando el otro es quien acaricia nuestras manos. Juguemos a...no necesitarnos...
Por favor...juguemos a eso...



Tratando de volver a la vida

viernes, 10 de septiembre de 2010

Liberación

Entiendo todo. Se que no tengo la obligación de decirlo, pero así y todo he decidido hacerlo. Puede que no se entienda, más no necesito que nadie lo haga. Puedo enredarme en suposiciones absurdas y aún así, seguir entendiéndolas.
Hace tiempo que nada es lo que era y que a medida que pasa el tiempo todo se transforma. Nada permanece donde estaba y es poco el dolor que me sobra. No necesito más de esas palabras conformistas ni tampoco silencios costumbristas. Lo que hoy quiero es sinceridad absoluta.
Si me miran y no les gustan mis ojos, lo lamento, son de ese color distinto y no los cambiaría por nadie. Si no soportan escucharme es un problema suyo, se que estoy loca pero siempre digo lo que pienso, y jamás dejaría de hacerlo. Si no pueden darle valor a mis sentimientos ni siquiera pretendan acercarse, ya que no los regalos por nada ni se los muestro así porque sí a cualquiera que se me cruce.
Tuve momentos donde crecía a medida que me golpeaba y gracias a eso, he entablado amistades con el sufrimiento, y de eso también he aprendido. El me conoce en detalle y yo ya no le abro tan fácilmente las puertas de mi destino. Fui capaz de alejarme de quien me mentía sin límites y hoy ya se de que manera reconocer a la gente.
Fui cobarde, dejé huellas en corazones muertos, reescribí páginas destinadas al olvido, anulé palabras que amaba y conocí algunas que odiaba, borré sensaciones inservibles y las sustituí por silencios temporales.
Me cansé de las excusas y es por eso que ya no recurro a ellas, dependo de lo que siento y dejo que eso me marque las futuras consecuencias. Destruí los espejos que me fueron infieles y logré verme a mi misma, lejos de suturas inexistentes y fuera de todo catálogo de frivolidades.
Soy ésto, y ninguna otra cosa. Me convertí en un manojo de sentimientos y eso me encanta. Y me propuse no tener que convertirme nunca más en nada.
Quien no estuvo a mi lado cuando era necesario que no lo intente ahora, porque a fuerza de desilusiones he aprendido a sobrevivir sola. Los que me quieren no necesitan que se los diga y el que no es capaz de entenderlo que nunca intente formar parte de mi vida.



A veces, Nada más Importa se cansa, y se siente con la fuerza suficiente como para hacerle frente a todo el mundo.
Lástima que sea solo a veces.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Insignificante


El color del día se mezcla con la neblina que ciega mis ojos y cada segundo que pasa me concentro en lo mismo. Me levanté temprano, desayuné tranquila y leí un rato. Algunas frases se clavaron en mi mente y otras, simplemente volaron. Amo leer y más si se trata de un buen libro, encuentro en ellos el refugio que necesito, las palabras que me faltan, las ilusiones que nunca cumplí y cada sueño que respira delante de mí. Y a veces también intento convertirme en parte de esas historias que solo viven cuando las sostengo entre mis manos.
Tengo miedo. No quiero salir del encierro que llevo tiempo construyendo y no me creo capaz de poder abandonarlo. Se volvió una costumbre perfecta el hecho de socializar con mi espejo, o de sonreírle a mi propio silencio, o el hecho de oír la mímica de mis propios sentimientos. Aún fuera de eso, se que debe terminar. Tengo que probarme a mi misma hasta el límite máximo, y escribir los resultados. Necesito borrar de mi cuerpo las culpas y sostenerme con verdades de este tiempo, no de otro que solo me hace daño.
Tomo las llaves del auto y sin detenerlo más, simplemente salgo. Arriesgo la calma que me contiene y bebo la cotidianeidad del tiempo, me atrevo a mirar a la cara a una mañana que no me encuentra durmiendo y tiemblo al ver que hay cosas que no han cambiado. El cielo se pinta de varios colores y las nubes se dispersan a su lado, el sol se esconde en el juego y el viento se esmera en encontrarlo. La calle permanece en silencio aunque la gente hace siempre el mismo trabajo, contrasta con la serenidad del pavimento y la puebla de toques de movilidad y cansancio. Nunca reparé en detalles como esos, y hacerlo en este momento me hace sentir tonta.
Me tiento y quiero regresar a mi casa cuando me detengo en un semáforo. El rojo se acumula en mi vista y los dedos se aferran con furia al volante, el viento penetra por la ventanilla y desvío mi mirada hacia un costado. En la vereda las personas caminan, hablan, corren, o simplemente se detienen y permanecen inmóviles y en completo silencio.
Se ahogan en mi alma momentos de hace tiempo y mis ojos se llenan de humedad melancólica, los cierro un segundo y alguien me golpea la puerta. Un niño pequeño, sencillo y algo descuidado, me saluda alegre y me pide que baje el vidrio. Me mira, extiende una tarjeta delante de mí y estira su pequeña mano. Busco unas monedas, se las alcanzo, tomo lo que me entrega y me quedo mirándolo. Luego de un amable gracias, me mira y me dice…
-Sos muy linda para estar llorando…
Y como describir lo que he sentido si ni pude pronunciar palabras coherentes cuando el verde golpea de lleno en mis ojos.
Avanzo unos metros y me detengo. Sin mirar nada, pierdo mis ojos adelante, en la nada, en el aire que me acompaña, en el día que he descubierto, en el sentido que ya no tengo, en las cosas que no entiendo, y en las situaciones que diariamente soporto.
Recuerdo la tarjeta y la miro.
Una imagen se impregna de mis recuerdos y la frase detiene los latidos de mi corazón.
"Hoy, estás vivo. Ayer, puede que hayas muerto, y mañana quizás no conozcas los designios del tiempo, pero hoy, estas vivo y es lo único que importa. No pierdas de vista el momento, por más pequeño que sea."
Y nuevamente las lágrimas comenzaron a nublar la sensibilidad de mis ojos.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Volver

La mesa está completamente vacía. El vidrio me observa en silencio y detiene las lágrimas que deshacen mis pupilas, impidiéndoles que lleguen a tocar el suelo. Mis manos intentan aquietar el dolor de mi memoria tomándose unas a otras como si juntas, hilvanaran las fuerzas de las que carezco. Mis brazos descansan sobre la mesa que los acuna, temiendo que, de no estar sobre ella, pudieran desprenderse de mi cuerpo. Debajo, mis piernas se alejan, pero los pies en rebeldía contínua siempre se cruzan, se tocan, se recorren, se ayudan… El cristal me permite verlos y no hay rincón de mi misma que no vea como se desvanece…como se dispersa…
Decido levitar con los pensamientos y me detengo en algunos momentos donde nada era como hoy lo veo, ni se sentía como hoy lo recuerdo. Me veo siendo otra. Esa que dormía y se levantaba temprano para ir a la escuela, o esa a la que le gustaba ir a casa de sus amigas a hablar de cosas sin importancia. Esa que no era víctima del tiempo… Aquella desconocida…
Vuelo mirando todo lo que hacía y me detengo a pensar en el porque del abandono de todo eso, en el porque del avance de la vida, y en las razones que nada tiene cuando siento que ya no lo tengo… Y me duele saber que yo no lo veo y que él sabe lo que siento, pero saber que nunca pude decírselo es la culpa más grande que pesa sobre mi conciencia, y por la cual día a día me debilito…
Como cuesta levantarme si no encuentro el equilibrio para mantenerme erguida, ni las pautas para encadenarme al presente, ni las motivaciones que necesito para construir mi futuro…Como se hace…
Nuevamente estoy dentro de mi cuerpo y decido levantarme, porque quiero, porque lo necesito, y porque es lo que debo…aunque no se si podré hacerlo o solo será otro triste intento sin remedio.
Me despego de la mesa no sin antes notar que siguen grabadas las líneas de mis brazos y un halo de resignación denota la presencia de mis manos, y el roce con ella. Debajo, mis pies se sueltan lentamente y las piernas los acompañan, el cuerpo se levanta y comienzo a moverme. Camino despacio, suave y muy lentamente. Tengo miedo. Nunca caminé hacia atrás y no he aprendido a detectar las cosas si no las veo…No se lo que es ir en sentido contrario…
Cierro los ojos y el retroceso se vuelve mucho más difícil, pero aún así continúo y sigo, y sigo, y sigo… Camino como puedo, sin necesitar aferrarme a nada, aún cuando no estoy viendo mi entorno. Y es curioso…porque siento que conozco el camino…Regreso sobre los pasos que di hace mucho tiempo y marco exactamente las mismas huellas que marqué en su momento, esas que llevo ancladas en los recuerdos más perversos…Esas que me alejaron de todo, y esas mismas que hoy parecen haber estado durante años esperando mi regreso…
De pronto, me topo con una puerta que me detiene. Estiro la mano y la abro, no veo nada pero no me hace falta…Se donde me encuentro…Se que hay una silla vacía al lado de una cama que contiene un cuerpo y se que ese cuerpo está en ese lugar desde hace doce años, esperando al mío para que juntos se dijeran lo que antes no pudieron…
Me siento y mis ojos se abren. Y estamos solos… Él, sigue acostado y mira hacia la ventana, y yo estoy sentada y en silencio lo miro. Cuando se da vuelta y nos encontramos él estira su mano y busca la mía. Se la extiendo. Siento que el tiempo es nuestro y que va a volver a dolerme lo que va a pasar dentro de unos momentos, pero no me importa, ya no pienso en eso, solo lo siento… y acaricio sus dedos…y dejo que él tome los míos..que los conozca y que sepa que ésta es su hija…
La que llora sin consuelo desde hace muchísimos años, y son tantos que ya perdió la cuenta, esa que odia que le mientan y la que siempre dice lo que piensa, y la que se deja llevar por sus sentimientos…Ésta, la que lo acaricia, la que lo siente, la que lo necesita, la que supo lo que es volver aún cuando nada de eso sea posible…La que volvió, para verlo de nuevo…
Y cuando ya no puedo contener las lágrimas lo miro y ambos volvemos a conectarnos en silencio… Él me dice que va a cambiar y que le de tiempo… Y yo le digo que nunca me olvide y también le digo…
Le digo que lo quiero…

martes, 7 de septiembre de 2010

Visiones de una puerta

Para los que quieran leer la primera parte:Doce cuadras hasta el principio de un futuro final


Pienso en la consistencia de la puerta. Delgada en la medida justa, quieta cuando lo necesita y en movimiento continuo cuando alguien se lo solicita. En fin, es una puerta. Nada tiene de especial para quien la mira a simple vista, y está cargada se sensaciones para quien está sentado a merced de ella. Detrás de sus bisagras, esperando a que se muevan. Más allá de su cerradura, esperando para que una llave desconocida venga en su búsqueda. Cercana a su existencia, reflejando que es ella, una puerta desconocida, una puerta indiscreta, una puerta pequeña, una puerta que encierra la realidad que se interpone ante ella misma.
Cerrada. En silencio y con los oídos preparados, se dispone a escucharla, a burlarse de su encierro inconciente y dispuesta a no rescatarla aunque sus labios se lo griten. Custodia fiel de las palabras que escucha, se siente superior ante la debilidad de quien habla y mucho más fuerte que el corazón que dentro de ese cuerpo, en las profundidades de la oscuridad, parece que late…
Ese cuerpo parece que habla, es más, asegura ver que lo hace. Pero más allá de eso, ella ve como lentamente se deshace. Da paso a la lentitud del tiempo y deja que su piel se caiga. Se afina lo suficiente como para derretirse y junto al ardor de los recuerdos simplemente lo hace… Y ella observa. No se interpone ni le facilita el trabajo, solo se queda inmóvil. Una mirada de la piel que le suplica que no la detenga, paraliza cualquier intento por detenerla. Y hace fluir sus propios miedos.
Las voces que viven dentro del cuarto provocan que la carne se desprenda de los huesos, y el aliento del pasado reaviva cualquier ceniza que se creyera aún dentro de la vida. Las destroza. Las arma como la conveniencia se lo dicta y las sonroja… Las altera…
Mientras tanto, la piel sigue chorreando de ese cuerpo, y los ojos, ahora cerrados, se mojan…
El agua parece haberse apiadado de tanto sufrimiento y decide aportar algo de claridad divina. La mirada vuelve a enfocarse en lo que hoy sucede, y aleja las marcas que comenzaban a llagar lo que quedaba de ese cuerpo. La piel lentamente se reincorpora. Los huesos la reciben de nuevo, y la figura cobra forma.
Era una mujer. Y si las lágrimas no llegaban no lo hubiera descubierto nunca, ya que lo único que veía era una masa latente de existencia deforme… Un dolor profundo que dragaba las líneas del cuerpo. La supremacía del pasado…
Luego de una hora de letras desconocidas, el reloj marca el final de la escena. La teoría toma su lugar y es hora de volver a la vida. A ésta vida.
La mujer se levanta, toma una mochila que había a su lado y un paraguas que permanecía cerrado, aún cuando afuera llovía desde que había llegado.
El hombre al otro lado de la mesa se levanta y la despide. Ambos estrechan sus manos y ella se encamina hacia mí. Como cuando vino. Hacía exactamente una hora.
Cuando está por traspasarme, él la detiene y le dice…
- Eso es lo único que él quiere decirte…"Nada más Importano sufras más por mí, no es necesario. Yo estoy bien…Va a estar todo bien…"
Ella lo escucha y sonríe, y puedo sentir que se siente más tranquila en el instante mismo que me toca.
Gira mi picaporte con delicadeza, me cierra y se va…
Veo su espalda que se aleja y lentamente vuelvo a cerrarme mientras que pienso…
Esa chica me gusta…seguro voy a verla durante mucho, mucho tiempo…

domingo, 5 de septiembre de 2010

Indivisible

Un sector de mi cuerpo te extraña. Palpita con el eco que tu voz olvidó en mi pecho y suspira con las palabras que colgaste en mi oído. A veces, espera a que me domine el sueño y en ese momento se impregna de tus besos. Vuelve a sentir los escalofríos que me producía sentirte y me hace recordar que sigo viva.
Y que hay de malo en despertarme? Si de esa manera solo arremeto contra un dolor que se esparce y al que nunca podré escaparle? Que locura puede encerrar el hecho de querer reconstruirme?
Una parte decide silenciarse y solo se limita a mirarte, a observarte en mis ratos libres y a jugar con las cartas que le dejó tu recuerdo. Le gusta tomar mis manos y hacer de cuenta que aún se recuestan en las tuyas, mientras yo simplemente me dejo… Me arrastro por un laberinto desconocido y dejo que mi piel se hidrate, que se nutra de la esencia de la tuya y vuelva a brillar a la luz del día. Y ahí es cuando comienzo a olvidarme…
Y que secreto se esconde detrás del silencio si las palabras se regocijan de ello, clavándose en mis entrañas como espadas en la piedra oscura, rota y completamente desierta… Que sacrificio es necesario para dejar de recordarte…
Otra pequeña sección se especializa en desnudarte. Me muestra todo lo que me negaste y refleja en eso todos los detalles que yo necesitaba. Esas deducciones que me presentaba y cada sueño que nunca me contaste. Se sincera conmigo…
Y que puede encerrarse en un corazón que se evapora para que mis ojos no puedan reconocerlo claramente. En que falla uno para merecer que los detalles no se muestren…
Una zona más oculta solo se dedica a odiarte. Se alimenta de las caricias que no me diste y recopila hasta la última palabra con la que me lastimaste. Arranca las ilusiones de mis manos y me relata la realidad de las cosas. Derrota a las fuerzas de mis propios sentimientos y me dice que fue lo que me hiciste. Me sobre alimenta con tus errores y me muestra lo mucho que sufro…
Y en que desencadena que aún te sienta si tus manos ya no tienen dueño, así como tu cuerpo despliega caricias en otras sábanas. En que se manifiesta el olvido si no es en el más profundo de los recuerdos…


De noche siempre duele más fuerte...

sábado, 4 de septiembre de 2010

La sangre de mis letras

A veces la tristeza llega sola. En silencio se mete por los poros y espera hasta que la piel lo note, entonces sabe que el cuerpo entero la siente y se hace reflejo mediante las lágrimas. Enciende la oscuridad de algunos recuerdos y encierra la sinceridad en un rincón alejado, para que no pueda volver a hacerle frente, ni erradicarla por completo.
A veces espera el momento menos oportuno y eso la engrandece, encontrando la excusa perfecta para comenzar a defenderse. Pero no necesita de manías ni de palabras bellas, solo con mirarte ya sabe lo que te pasa por dentro. Si, ahí, donde todo el tiempo nos negamos a mirar, donde la venda está demasiado ajustada como para caerse, donde precisamente, no querías verte.
Se abre camino entre la soledad más grande y comienza a crear irrealidades, que, aunque no sean ciertas, no pueden dejar de reconocerse. Sabe donde más nos duele y aprieta la cuerda más fuerte, lo más que puede. Utiliza toda la fuerza que tiene y nos ahoga, nos debilita, nos atrae, pero lo que nunca hace es engañarnos
No dice palabras bonitas para dejarte contento, así como tampoco te cuenta historias con los finales que te gustan, al contrario…te habla de frente… Te pinta las cosas del color que realmente tienen y te libera de todos los miedos que tenias. Y a esto lo hace porque te conoce. Porque siente lo que vos sentís todos los días.
El abandono al que te acostumbraste, las mentiras que te creaste, el dolor que te conoce y todas y cada una de las cosas que odias de tu vida.
A veces, decide que no es tu momento y se instala en la vida de otro. Pero a eso, solo lo hace a veces. Y ésta noche, parece tener una predilección muy marcada por aferrarse a la mía
Aunque mis paredes están muy negras y demasiado descoloridas, ella se abre camino y encuentra su lugar en ésta noche sin vida…



jueves, 2 de septiembre de 2010

Espera

Quería no tener que esperar. Necesitaba irme para pensar en todo, y así, entender lo que pasaba. Pero no pude. Fue imposible que tratara de alejarme cuando cada línea del cuerpo me pedía que me quede, que espere...Que lo recupere...
Horas interminables estuve esperando su salida, y hasta el reloj mismo se aburrió de mi insípida compañía. Yo no sentía nada...No podía.
La tarde parecía cansarse de verme en el lugar de siempre y comenzaba a amenazarme. Un oscuro conjunto de nubes me acechaban y me miraban desde arriba. El viento se ofrecía a defenderme pero ellas eran demasiadas. La noche era inminente.
Comenzó a hacer frío, pero yo no dejaba de esperarlo. Sostenía mi campera en la mano y con la otra me aferraba a un  viejo árbol. De vez en cuando lo apretaba con más fuerzas como queriendo hablarle, pero éste no me respondía. Miraba hacia adelante. Enfrente. Observaba esa ventana conocida y la puerta acostumbrada, miraba los detalles de su casa y revivían los recuerdos en mi mente.
Adentro la mesa de la entrada, luego las puertas de la cocina, el color celeste de las paredes, el cuadro de la lluvia, los jarrones antiguos, las sillas de la cocina, el living, el sillón, la pieza, y las palabras en su vitrina. La sensación de que nada era distinto y que todo permanecía en lo que durante algún tiempo, había sido su sitio.
Las horas pasaban y seguía aguardando, luchando con el cansancio y renegando de la resignación que quería vencerme. Pero no podía irme...Me ocultaba detrás del árbol y pensaba...Recordaba todo y no sentía nada, las lágrimas me eran infieles y mi cuerpo se mostraba completamente indiferente. Aunque lo entendía, lo necesitaba, pero no ganaba nada con decírselo.
Cuando decido mirar de nuevo, se abre la puerta. Alguien sale, deja correr la llave, y cierra. Se da vuelta mirando hacia la calle y veo que lleva algo entre sus manos.
Sorprendida, nerviosa, e inquieta solo lo miro. Es él.
Camina tranquilo, descuidado, y seguro, tal como lo recuerdo. Su perfume siempre suave y su ropa muy correcta, su pelo mojado y sus ojos negros.
Instintivamente lo sigo, aunque él no lo sepa, ni tampoco creo que lo sienta. De pronto se sube a un taxi y sin más se aleja. Lo veo subirse y me inmovilizo. No pude decirle nada.
Resignada y sin lágrimas en los ojos lo miro...Un vacío insoportable se apodera de mi cuerpo y el frío inteligente domina mis articulaciones, aprovechándose de la escena.
A lo lejos veo el auto que se aleja, y vuelvo a verlo a él con eso entre sus manos. Vuelvo a verme a mi sin poder decirle que me lo devuelva...Vuelvo a oír a mi cuerpo que me pide que lo recupere.
Y me lo imagino a él, en un taxi desconocido, con su existencia hermosa y con mi corazón hecho pedazos entre las huellas digitales de sus manos...

martes, 31 de agosto de 2010

Doce cuadras hasta el principio de un futuro final...

Hoy,el tiempo acompaña la decisión que he tomado. 
Aún hace frío. A las seis de la mañana dejé de conciliar con los restos del sueño que me quedaba y me he despertado. Quizás siento nervios. No podría asegurarlo.
Luego de levantarme despacio no pude desayunar nada. Quizás tengo miedo. No podría negarlo.
Miro por la ventana y llueve. Una pincelada de recuerdos para mi mente, una señal de que hay colores que bien podrían ser una exclusividad mía. Tomo mis cosas y salgo. Mi mochila solo lleva algunas cosas pero me pesa demasiado, los guantes absorven la indecisión de mis manos y el paraguas cuelga de la rebeldía de mi cuerpo. No voy a abrirlo.
Voy a dejar que la lluvia me toque, que altere mis pensamientos y me ayude a ordenar lo que estos me dicen. El cielo es un manto gris amenazante que pelea con matices de negro en un juego sin condiciones. Ambos me agradan. Ambos combinan conmigo. Los árboles despiertan inquietos y sufren las consecuencias del clima. Se mojan sin quererlo y se mecen sin tener ganas de hacerlo.
El trayecto no es demasiado largo. Algunas calles hasta el lugar donde me dirijo, metros me separar de mis propias palabras. Llueve intensamente. Sigue haciendo frío. Aprieto mis llaves como esperando que me salven, que me lleven de vuelta a mi refugio seguro. No obtengo respuesta. Me mojo. Tiemblo. Dudo. Suspiro. Pienso. Recuerdo. Pero no olvido...
Sin darme cuenta he llegado. Al parecer caminé las doce cuadras que hay desde mi casa hasta donde tenía que ir. Bajo la lluvia, mojándome intencionalmente, temblando en silencio, pensando en que todo tenía que terminar de ésta manera, y envuelta en un silencio ficticio.
Abro la puerta. Entro. Alguien delante mío. Me estaba esperando. Me sonríe. Respondo con un invisible movimiento de cabeza. Permanezco inmóvil. No quiero demostrar nada. Mi ropa está empapada, mi pelo cae manso sobre mis hombros quietos, mis manos sostienen la mochila y el paraguas cerrado. Mis ojos están clavados en los suyos. Seguro me examina. Ve a través de mi cuerpo y descifra mis palabras mediante lo que respiro.
Doy un paso hacia adelante y me habla...
- Sos Nada más Importa?
Y oigo que mis labios le responden...
- Si soy yo
- Pasa entonces. Te estaba esperando...
Y una puerta húmeda y ruidosa se cierra detrás de mi espalda...

viernes, 27 de agosto de 2010

Caminante nocturno

Camina a un ritmo normal, ni muy descuidado ni con apuro determinante. Obstruye sus pensamientos y delibera sobre las verdades. Camina mientras mastica su propia vida y recuerda tantos sucesos lamentables.
Sin creerlo verdaderamente, siente que no hay pasos detrás suyo, aunque interiormente reconoce que se miente. Permanece en silencio y se detiene, respira lentamente y espera a que todo pase. Deja de verse a si mismo y comienza a reflejarse, aparta los deseos odiosos y los reemplaza por verdades irrefutables.
Camina de nuevo. Soporta el peso de la noche y la premura de sus sentimientos. Aspira el aire cargado de vanidades y ensucia el entendimiento. Escucha voces a lo lejos y comprende que finalmente no estaba totalmente solo.
A su paso, la calle se colma de sombras gigantes, de formas variadas y colores independientes, pero todas, persiguen a un mismo caminante. Único el silencio de una palabra y universal el silencio eterno, indescriptible el susurro del miedo e irreconocible el sentido del momento...
Más adelante, lo sorprenden un par de vidrieras. Los cristales empañados detrás de las miradas pasajeras, y los objetos inquietos dentro de sus marcos inmóviles. Libertad reprimida dentro de esperanzas encubiertas…
Gente que ríe, alejados de posibles problemas futuros e inmersos en burbujas de un alejamiento idealista, marcas de momentos sin importancia y gestos de sensaciones que lentamente se olvidan. Sueños por momentos imposibles…
Arriba, el filo del cielo que vigila. Quieto, y en un perpetuo silencio, delatando la silueta de quien lo observa y remarcando los detalles de sus propios pasos. Y él sigue su camino.
Un cruce de calles lo detiene, los autos golpean sus oídos, sacuden sus pensamientos y lo devuelven a la ambientación que lo rodea. Luces. El que avanza, el que se detiene, el que nunca descansa y el que permanece inerte, el movimiento descuidado y el desprecio por todo lo que vive. Luego las focos intercambian colores, y de nuevo el vaivén de lo recurrente.
Pasos más delante, el indicio de la ausencia. Personas en conjunto, manos encontradas, cuerpos entrelazados, caminos unificados, latidos acordes y respiraciones en compañía. Y sus huellas en un magnífico camino uniforme… Nunca una marca de más, ni un rasguño que lo desvíe, jamás lejos de lo conveniente y nunca demasiado cerca de lo evidente. La cotidianeidad y la patética costumbre. La soledad absoluta.
Ya no demasiado lejos, el final del camino. Las dagas del sufrimiento y la pasión por los recuerdos, el susurro del silencio y los gritos del arrepentimiento, el eco de los errores y la impotencia del remordimiento. El presente.
Se detiene sin quererlo y de su bolsillo saca una llave, sus manos las acarician lento y le murmuran sus pensamientos…”ya nada queda luego del dolor y de tanto sufrimiento, más no quiero que lo haya. Se que he errado infinidad de veces pero es por eso mismo que ahora  comprendo que me merecía esto…”
Abre la puerta despacio y se somete a los reproches de la oscuridad de su casa…

miércoles, 25 de agosto de 2010

Como describirme si ya no encuentro momentos para escucharme?





Se que tengo que hacerlo, y también soy consiente de que lo necesito. Intento convencerme a mi misma y al mismo tiempo me suena completamente ridículo. Como hacerlo? Como dejar de ser alguien que solo se reconoce a oscuras, y que nadie más sabe que es lo que quiere? Como...
Pude haber hablado en el momento preciso en que las palabras se ahogaban en una garganta rebelde, o haberme callado cuando el silencio me remordía la conciencia, y tampoco lo hice. Creía que el momento para hacer o decir algo debería aparacer solo y dejé de lado la posibilidad de tener que buscarlo. Y luego, perdí mis derechos...
Ayer tomé el teléfono y marqué esos números...solo seis números...y mis manos parecieron arder entre llamas insoportables, mientras que mi aliento empeñaba mis propios pensamientos. Mi cuerpo me hablaba y me decía que cuelgue, que eso no era necesario, pero mi mente me ensordecía diciéndome que lo hiciera. Mi decisión fue más fuerte y del otro lado una voz desconocida...
Como explicarle a quien no sabe lo que quiero todos los años que perdí sosteniéndome de mentiras? Como describirme si ya no encuentro momentos para escucharme? Como...
Tuve momentos en los que solo tapando los espejos era más que suficiente, pero hoy todo es distinto. Hoy tengo sombras que se mantienen en pie todos los días y en medio un alma que no entiende que ya no le queda tiempo. El reloj que le dice que tiene que decidirse y sus latidos que giran al revés de sus agujas.
Necesito algo más, no puedo ni quiero conformarme con esto. Tenía sueños que me mantenían aferrada a mis esperanzas pero siempre pasa algo que hace que todo eso se caiga, y me duele... No quiero ver como todos avanzan y yo detrás simplemente los miro...
Hubo instantes en los que en verdad no me sentí sola, y me gustaría recuperarlos.
Necesito hacerlo...


Hoy voy a volver a marcar esos números y voy a decir lo que tanto necesito...lo que me no puedo...lo que me cuesta...
Y es solo una pequeña palabra...
Ayudame...

jueves, 19 de agosto de 2010

El silencio de las palabras… y el eco de los sentimientos…

Lo vi parado justo delante de mí. No era capaz de llegar hasta sus ojos pero mis sensaciones pendían de los finos hilos de su voz. Cada segundo cerca de su persona representaba un rastro más de la lejanía que en realidad nos separaba. Todo lo que no le decía era perfectamente representado por la inestabilidad de mis nervios…
Me pegué a sus huesos, me hice sombra bajo sus párpados, me cubrí de brisas oscuras y seguí sus pasos. Nunca pensé en dejar de ser yo misma, pero todo sucedió sorpresivamente. Su cuerpo estuvo delante del mío y mis manos arañaban en silencio esa espalda que en otro tiempo supieron recorrer.
Fue pequeño el tiempo que lo seguí en comparación con lo que mi mente creía, pero aunque estaba cansada, no me aparté de él. No se si supo que era parte de la ciudad que lo rodeaba, como tampoco se si fue capaz de darse vuelta para mirarme. No es fácil estar frente al pasado que nos encuentra desprevenidos y saber exactamente que decir… Lo entiendo. Pero no me gusta hacerlo. No quiero ser siempre un punto más en una larga lista de imposibles de la vida de otra persona. Y no es porque me crea especial ni mucho menos, sino simplemente, porque tengo derecho a saber y comprender que es lo que merezco para mí.
Durante unas horas solo caminamos. El silencio de las palabras hacía ecos de vez en cuando y mis oídos se aferraban a ellos, tal vez porque tenían miedo. Quise decirle que estaba ahí, detrás, o al lado, solo caminando, pero no pude.
Fue entonces cuando me mimeticé con su ropa. La tela de su campera me permitía sentir la suavidad de su piel perfecta y la remera que traía debajo me dejó ser parte de sus latidos. El cuello estaba casi descubierto, pero al sentirme, se escondió con cuidado para que yo pudiera fundirme con su perfume. Y sus lentes me dieron permiso de pasearme por sus ojos… Fue tan primitivo que pude sentirlo todo…
Metros más adelante noto que se encamina hacia un bar que está muy próximo, así que de un salto preciso y cuidado me alejé de su vestimenta, dejé atrás la textura de su cuerpo, pero no sin antes dejarlo cubierto de besos.
Nuevamente detrás, pero algo lejos, lo vi entrar en el local. Se sentó en una mesa apartada pero exactamente enfrente de la ventana. La moza se acercó para atenderlo y él la recibió con una sonrisa. Luego de hacerle su pedido la chica se alejó y él, sacó de su bolso un pequeño libro. Lo abrió en un lugar determinado y posó sus ojos sobre las letras. Que estaría leyendo?
Afuera, el cielo gris comenzaba a colorearse de negro, la tarde era partícipe de un final inadvertido y se olía la cercanía de la lluvia. Los árboles se mecían cada vez más fuertes y se amalgamaban con la sinfonía del viento. Mis ojos estaban junto a los suyos, sumergidos en la lectura de aquel libro…
Luego, la moza le entrega una taza y el se queda solo. Su pongo que es café. Humea. Le coloca azúcar un momento y lo revuelve. Levanta su mirada y encuentra la mía…
El cristal separa nuestros cuerpos pero ambos corazones aún están unidos, el espacio derrite los sentimientos y el silencio los desparrama…
Ningún movimiento. Él no sale del lugar y yo no entro. Él no respira… y yo tampoco…
A él le duele y a mi me mata. A él le cuesta y yo ya no puedo…
Y así… el tiempo se detiene, el dolor nos atrapa y la indecisión nos envuelve.
Afuera, la lluvia moja mi cuerpo que tiembla frágil debajo de ella.
Y adentro, una lágrima se refleja sobre el café que se enfría dentro de su taza…

miércoles, 18 de agosto de 2010

Como quisiera ya no llamarme recuerdo...

Me paré justo delante de la puerta. Era blanca, tenía un pestillo pequeño de color gris y un vidrio que permitía la visión exacta de quien estuviera golpeando delante de ella. Estaba bien pintada, los detalles eran correctos, la madera considerablemente nueva, y ni un rastro o signo de futura vejez.
Aunque la recuerdo distinta, totalmente diferente. Era de un color blanco absolutamente sucio, tal vez por el mismo correr del tiempo, o por marcas de la omnipresente humedad, aunque también podría haber sido un claro signo de pobreza y de la más profunda. El vidrio no se encontraba en su lugar, y era perfectamente reemplazado por un descuidado trozo de cartón. El pestillo ya no existía y en su lugar había una marca negra en constante descomposición…
Entré e inmediatamente me recibió un comedor. Hermoso y sencillo, dejaba entrever un cuidado detallado. Cuadros en las paredes que mostraban caras sonrientes y flores…muchas flores. Muebles color caoba, fotos en sus recovecos, y algunas llaves esparcidas sobre ellos. Un televisor gris brillaba delante de mí y embriagaba mi mirada con sus luces.
Pero no era así en mi conciencia… ni se parecía a lo que yo sabía como en realidad era. Las paredes estaban muy despintadas y sobre ellas no se sostenía absolutamente nada. Ellas mismas tambaleaban sobre sus cimientos y eran incapaces de resistirse al perverso paso del tiempo. Los muebles, escasos y arruinados eran los que coronaban la habitación que debía ser llamada comedor diario. Algunas fotos se vislumbraban detrás de una cortina de telarañas y un viejo reloj de pared, tímidamente las resguardaba. Una, en especial, absorbía mis pensamientos… Una niña pequeña, con un vestidito rojo a lunares, que sonreía, mientras apretaba sus manitos…sus rulos brillaban con el sol que la acompañaba y realmente se veía hermosa…Y en la pared contraria…un cuadro…Un solo cuadro. Tenía una especie de poema escrito junto a un dibujo de una pareja de enamorados…Su título era “Hagamos un trato”…(que creo que era de Mario Benedetti)
Y la parte del poema que se grabó en mi memoria decía…


si al observar mis ojos
una veta de amor
reconoces en los míos
no pienses que deliro
Piensa simplemente
que siempre puedes
contar conmigo…

La mujer de la foto era muy parecida a ella…el mismo pelo, igual color de ojos, un cuerpo débil pero hermoso y una mirada perturbadoramente perdida…Su pareja, en cambio era rubio, contrario a la piel ligeramente oscura que se observaba en ella, pero juntos, se veían hermosos…Pero el cuadro aunque era precioso y perfecto en el extremo más divino, estaba avejentado, destruido, ajado, marcado y contenía restos del pasado mismo en el que años antes, había formado parte…
Luego, entré en una de las habitaciones y la ventana estaba abierta. El sol del mediodía brillaba en los cristales y el viento de la mañana lo rasgaba con inquietas caricias. Adentro, el ambiente era cálido y se respiraba una paz neutra, un silencio sublime y un poco de ausencia. En la otra habitación la luz también era la espectadora más sincera.
Pero yo se que nada de eso era de esa manera…La primera habitación tenía una ventana que daba a la calle, pero estaba completamente desencajada. Las persianas pendían de finos hilos de material destruido y el sol, al parecer, ya no quería ser su compañía. Las paredes estaban envueltas en el desvelo y nada de lo que allí permanecía era lo mismo que en otro tiempo. Y el otro cuarto, en cambio, no tenía ventanas… la luz jamás entraba y de su interior solo emanaba encierro…Una cama olvidada esculpía la escena y sus barrotes estaban escritos…al igual que los muebles. Y en una pared latía una frase…Escrita con letras negras inmensas y con un trazo tembloroso pero seguro se leían dos palabras sangrantes…

Dejame vivir…

Más adelante estaba la cocina. Grande. Se extendía delante de mí y parecía totalmente en conjunto con el resto de la casa. Blanca en su totalidad y con detalles de verde.
Aunque en mis pensamientos la escena que veía era totalmente diferente…
Puedo ver una mesa en la cual se encuentra sentado un hombre .Lo envuelve un halo de resignación y está visiblemente avejentado. Está sentado en una silla descolorida formada por herrumbrados caños, llena de recuerdos borrosos y anclada en un punto exacto de su vida. Pero cual? Ese donde lo perdió todo por errores imperdonables o aquellos momentos donde no supo manejar su conciencia?.
Está solo. Sus ojos descansan en un punto fijo, el cual se encuentra lejos de mi mirada, sus manos reposan sobre la mesa y sus piernas se cruzan débilmente debajo de ella. Está justo delante mío. Lo miro en silencio. Él no modifica la dirección de su vista. Inspecciono su mente pero no puedo entrar en sus pensamientos .Acaso me siente?
No hay movimientos de su parte. Por la mía, mi cuerpo entero se mece, balancea su peso alternándolo sobre ambas piernas, y yo no lo detengo .El pelo se me eriza, los ojos se me congelan, los brazos se me entumecen y las manos se tiemblan. Creo que tengo miedo.
Casi sin pensarlo me decidí a hablarle. Recopilé las fuerzas que palidecían en mis entrañas y decidí decirle algo. Un espasmo doloroso se esparció por mi cuerpo y culminó en mis labios. El momento de las palabras era inminente. Pero cuando estaba por expulsarlas, algo me detuvo.
Él, en silencio y casi invisiblemente movió uno de sus dedos. Lo separó de la mesa y lo llevó a sus labios. Me pedía silencio. Mi garganta se estranguló de impotencia, pero igual, le hice caso. No estoy segura. Pero juraría que estaba llorando.
Luego de eso se levantó de la silla, la dejó a un lado y se incorporó despacio. Me miró fijo, como si quisiera entrar en mi alma y reconocerse dentro…Pero lo que no sabía era que desde hacía años ya era parte de ella…
Me sentí sola, y quise abrazarlo aunque mis pies se aferraban al suelo. No pude, y lo siento. Cuando apartó sus ojos de los míos comenzó a caminar hacia el patio. Pasó la puerta que había en medio y comenzó a alejarse.
De espaldas y aún cerca, ya lo extrañaba. Y siempre sería de esa manera. Toda la vida para ser más sincera…
Luego lo vi alejarse como en cámara lenta. Despacio, siempre despacio.
Su mirada ya se perdía en el horizonte pero de la mía sangraban lágrimas aferradas a sus pasos...

martes, 17 de agosto de 2010

Escribiendo el recuerdo de lo que nunca será

Y lloré. Lloré con tu pelo que arañaba mis ojos y mientras mis pupilas se amoldaban a tus manos. Deslicé mis labios por tus hombros y solo sentí desprecio, mezcla de conciencia y de un infinito dolor, producto de una inmensa desilusión.
Y sentí tus murmullos tratando de decir, queriendo hablar frente a mi cuerpo que ya no quiere escuchar más, delante de mis pies que se cansan de caminar, bajo las alas de un triste modo de amar.
Olvidé las caricias que te guardaba y las resguardé del recuerdo de mi soledad, insistí para que se ocultaran y ya no acabaran nuevamente en mi. Necesité que te aferraras a mí. Esperé que delinearas mi espalda bajo la tenue luz de tu resplandor y no quise esperar. Y sucumbí…
Si, lo hice. Y me dolió. Dejé que pisotearas mis manos que esperaban por tu sinceridad y te permití rescatar mis deseos de mi más profunda oscuridad. Abrí mis viejos cajones y nos sumergimos en su humedad, nos escabullimos en parte de su naturaleza y nos alojamos allí. Escribimos una historia nueva y ambos, decidimos no hacerla realidad.
Memoricé tus manos, y las anclé entre los detalles de mis recuerdos, amorticé tus ojos y los clavé en la comisura de mis labios, e idealicé tus sentimientos y los absorbí con la fuerza de mis deseos. Pero eso no sirvió de mucho…
Retuve las palabras que no nos dijimos e imaginé que las oía, logrando que el amor finalmente tuviera un significado propio. Pero lo que no pude fue…sostener durante mucho tiempo tan hermosa mentira…
Y lloré…
Si, lo hice, y no me arrepiento.
Te amo y me siento tuya, aunque solo en mis sueños, ésta historia cobre vida…

sábado, 14 de agosto de 2010

Ayer

Hubo momentos en los que cada mañana me despertaba sin querer, y hoy, años más tarde lo tengo que reconocer. Se que nada queda en pie y que todo por lo que luchaba se acaba de ir, pero aún me queda algo. Algo que sigue ahí, firme, delante de mí…
Creía que era menos que todos los demás, solo por tener menos cosas que presumir y hoy, recién hoy, entiendo que nunca fue así. Quizás mis zapatillas nunca hayan estado del todo nuevas, mis remeras nunca blancas radiantes ni mis lápices hayan tenido siempre una punta prominente. Quizás si, jamás haya tenido en mis manos o sobre la textura de mi cuerpo cosas como esas, o en ese estado perfecto, pero el cuerpo estaba, y las manos lo acompañaban. Y de igual manera a veces, creo que no todos pueden decir lo mismo.
Tuve momentos lindos, y si, a pesar de todo los recuerdo. Por ejemplo me detengo a recomponer aquel día, en que él se río conmigo, y todo pareció bonito, o esa mañana en que me llevó a la escuela y estuvimos y nos sentimos solos. Rodeados de mucha gente desconocida, ambos, final y sinceramente, nos reconocimos. Él estaba contento, y hasta me animo a decir que se sentía orgulloso, y eso me alegra mucho. Yo, por mi parte estaba confundida, si, un poco, (o tal vez mucho), pero no lo niego. No estaba acostumbrada a tenerlo conmigo y mucho menos a hablarnos de esa manera, no conocía sus ojos por la mañana y temía que no le gustara como me veía por fuera. No se si me conoció realmente, o tal vez, recién lo haga ahora a través de mis letras, (porque eso si, lo creo fuertemente). Me ve, me acompaña, me siente y de vez en cuando…se anima a leer lo que escribo.
También puedo estar segura del amor que me tiene ella, a quien amo más que a nada en el mundo. Quien me conoce más que yo misma y la única persona que me pone enfrente todas las respuestas. Puedo preguntarle locuras y ella no se ríe, al mismo tiempo que discutimos por nuestros diferentes puntos de vista y ella delinea todo con su inmensa ternura.
En aquellos años, estábamos solos, mi hermano y yo, y eso, en algún punto lo complicaba todo, pero hoy, ya no siento así. Somos distintos desde cualquier punto que nos quieran comparar, pero en el fondo de cada uno de nosotros, el amor y la incondicionalidad laten sin tener ni la más mínima intención de morir. Luego, el tiempo nos regaló dos angelitos y eso fue un motivo para creer que si, teníamos una vida que recomponer.
Más tarde, luego del dolor y la cobardía de no sentirte merecedor de lo que te tocaba vivir, todo se desmoronó. Un día cualquiera el sufrimiento nos volvió a golpear y nuevamente entendimos que estábamos destinados a vivir así para siempre…Las lágrimas trazaron nuestros caminos y volvimos a caer…
Hubo momentos en los que, casi sin darme cuenta, yo también sonreí, y aún sintiéndome bien al hacerlo, sinceramente no me reconocí… Quien era yo, para pretender estar bien, cuando en parte los dejé completamente solos? Que derecho tenía?
Sí, mis manos siempre han estado vacías, y las acepto así, al igual que mis ojos siempre han estado húmedos y he aprendido que eso se llama llorar, también he tenido que comprender que lo difícil está hecho para mí, y que soy el molde que siempre prefiere usar, pero necesito más.
Necesito ser y sentirme importante al igual que tengo unas ganas incontenibles de ya no tener que suplicar…
Y quisiera que algún día, el pasado me pueda olvidar.
Que se convierta en “ayer”, y no signifique absolutamente nada más…

miércoles, 11 de agosto de 2010

La libertad latiendo delante de mí

Hoy escucho una triste melodía y sencillamente siento…
Aspiro el aire profundamente y me tiento, dejo que mis palabras sellen los labios que hace tiempo se esconden, se maquillan para que no los encuentre y me alejan de la verdad. Siento que mi corazón se rompe, que se quiebra en miles de pedazos y me recuerda a un frágil cristal, a una sílaba inquieta en manos de una pluma seca de tanto llorar,o a un silbido triste en medio de una noche de lluvia donde las gotas tímidamente arañan las ventanas empañadas por la oscuridad.
Siento que la piel de mi pecho se comienza a estirar y con ella me bebo toda la tristeza que mi alma me reservaba para el final. Un final que nunca llega pero que siempre atenta con avanzar. Intento sostener el pecho que se desequilibra pero es inútil que lo quiera retener, ya que quiere irse y no mantenerme más. Quiere huir lejos, muy lejos de mí, más allá de mi luz y más allá de cualquier otra realidad.
Lentamente se abre y deja a mis sentimientos fluir, estos se elevan sobre mi cabello inquieto y me miran sin pensar, sin notar que ya no son parte de lo que hasta ese momento fui. Vuelan en el aire cargado de ausencias y lloran al verse lejos de su cárcel personal, nunca quisieron ser de esa manera pero estaban demasiado acostumbrados a convivir así.
La piel se desencaja y mi corazón se esfuerza por latir. Aunque ya nada lo retiene el siente que le quedan motivos porque vivir. El aire se nutre de mi nostalgia y comienza a desvestirse de mí, el frío aliviana su peso y comienza a volar.
La ventana se abre y el viento me arrebata todo por lo que un día sufrí. Mis sentimientos revolotean rápido, como temiendo que finalmente me decida a no dejarlos ir, mis recuerdos simplemente suben y se van, se distienden, se conjuran para cambiar de posición, se acomodan para sentirse mejor.
Mi pecho entonces se tranquiliza y mi alma parece volver a resurgir, mi cuerpo se sobresalta y toda mi esencia parece escribir…
Mis ojos miran el cielo y la lluvia cae silenciosa solo para mí.
Los sentimientos la acarician y regresan a mi.
Las lágrimas acompañan a mi mirada cansada que ya no quiere sufrir…