Me paré justo delante de la puerta. Era blanca, tenía un pestillo pequeño de color gris y un vidrio que permitía la visión exacta de quien estuviera golpeando delante de ella. Estaba bien pintada, los detalles eran correctos, la madera considerablemente nueva, y ni un rastro o signo de futura vejez.
Aunque la recuerdo distinta, totalmente diferente. Era de un color blanco absolutamente sucio, tal vez por el mismo correr del tiempo, o por marcas de la omnipresente humedad, aunque también podría haber sido un claro signo de pobreza y de la más profunda. El vidrio no se encontraba en su lugar, y era perfectamente reemplazado por un descuidado trozo de cartón. El pestillo ya no existía y en su lugar había una marca negra en constante descomposición…
Entré e inmediatamente me recibió un comedor. Hermoso y sencillo, dejaba entrever un cuidado detallado. Cuadros en las paredes que mostraban caras sonrientes y flores…muchas flores. Muebles color caoba, fotos en sus recovecos, y algunas llaves esparcidas sobre ellos. Un televisor gris brillaba delante de mí y embriagaba mi mirada con sus luces.
Pero no era así en mi conciencia… ni se parecía a lo que yo sabía como en realidad era. Las paredes estaban muy despintadas y sobre ellas no se sostenía absolutamente nada. Ellas mismas tambaleaban sobre sus cimientos y eran incapaces de resistirse al perverso paso del tiempo. Los muebles, escasos y arruinados eran los que coronaban la habitación que debía ser llamada comedor diario. Algunas fotos se vislumbraban detrás de una cortina de telarañas y un viejo reloj de pared, tímidamente las resguardaba. Una, en especial, absorbía mis pensamientos… Una niña pequeña, con un vestidito rojo a lunares, que sonreía, mientras apretaba sus manitos…sus rulos brillaban con el sol que la acompañaba y realmente se veía hermosa…Y en la pared contraria…un cuadro…Un solo cuadro. Tenía una especie de poema escrito junto a un dibujo de una pareja de enamorados…Su título era “Hagamos un trato”…(que creo que era de Mario Benedetti)
Y la parte del poema que se grabó en mi memoria decía…
…si al observar mis ojos
una veta de amor
reconoces en los míos
no pienses que deliro
Piensa simplemente
que siempre puedes
contar conmigo…
La mujer de la foto era muy parecida a ella…el mismo pelo, igual color de ojos, un cuerpo débil pero hermoso y una mirada perturbadoramente perdida…Su pareja, en cambio era rubio, contrario a la piel ligeramente oscura que se observaba en ella, pero juntos, se veían hermosos…Pero el cuadro aunque era precioso y perfecto en el extremo más divino, estaba avejentado, destruido, ajado, marcado y contenía restos del pasado mismo en el que años antes, había formado parte…
Luego, entré en una de las habitaciones y la ventana estaba abierta. El sol del mediodía brillaba en los cristales y el viento de la mañana lo rasgaba con inquietas caricias. Adentro, el ambiente era cálido y se respiraba una paz neutra, un silencio sublime y un poco de ausencia. En la otra habitación la luz también era la espectadora más sincera.
Pero yo se que nada de eso era de esa manera…La primera habitación tenía una ventana que daba a la calle, pero estaba completamente desencajada. Las persianas pendían de finos hilos de material destruido y el sol, al parecer, ya no quería ser su compañía. Las paredes estaban envueltas en el desvelo y nada de lo que allí permanecía era lo mismo que en otro tiempo. Y el otro cuarto, en cambio, no tenía ventanas… la luz jamás entraba y de su interior solo emanaba encierro…Una cama olvidada esculpía la escena y sus barrotes estaban escritos…al igual que los muebles. Y en una pared latía una frase…Escrita con letras negras inmensas y con un trazo tembloroso pero seguro se leían dos palabras sangrantes…
Dejame vivir…
Más adelante estaba la cocina. Grande. Se extendía delante de mí y parecía totalmente en conjunto con el resto de la casa. Blanca en su totalidad y con detalles de verde.
Aunque en mis pensamientos la escena que veía era totalmente diferente…
Puedo ver una mesa en la cual se encuentra sentado un hombre .Lo envuelve un halo de resignación y está visiblemente avejentado. Está sentado en una silla descolorida formada por herrumbrados caños, llena de recuerdos borrosos y anclada en un punto exacto de su vida. Pero cual? Ese donde lo perdió todo por errores imperdonables o aquellos momentos donde no supo manejar su conciencia?.
Está solo. Sus ojos descansan en un punto fijo, el cual se encuentra lejos de mi mirada, sus manos reposan sobre la mesa y sus piernas se cruzan débilmente debajo de ella. Está justo delante mío. Lo miro en silencio. Él no modifica la dirección de su vista. Inspecciono su mente pero no puedo entrar en sus pensamientos .Acaso me siente?
No hay movimientos de su parte. Por la mía, mi cuerpo entero se mece, balancea su peso alternándolo sobre ambas piernas, y yo no lo detengo .El pelo se me eriza, los ojos se me congelan, los brazos se me entumecen y las manos se tiemblan. Creo que tengo miedo.
Casi sin pensarlo me decidí a hablarle. Recopilé las fuerzas que palidecían en mis entrañas y decidí decirle algo. Un espasmo doloroso se esparció por mi cuerpo y culminó en mis labios. El momento de las palabras era inminente. Pero cuando estaba por expulsarlas, algo me detuvo.
Él, en silencio y casi invisiblemente movió uno de sus dedos. Lo separó de la mesa y lo llevó a sus labios. Me pedía silencio. Mi garganta se estranguló de impotencia, pero igual, le hice caso. No estoy segura. Pero juraría que estaba llorando.
Luego de eso se levantó de la silla, la dejó a un lado y se incorporó despacio. Me miró fijo, como si quisiera entrar en mi alma y reconocerse dentro…Pero lo que no sabía era que desde hacía años ya era parte de ella…
Me sentí sola, y quise abrazarlo aunque mis pies se aferraban al suelo. No pude, y lo siento. Cuando apartó sus ojos de los míos comenzó a caminar hacia el patio. Pasó la puerta que había en medio y comenzó a alejarse.
De espaldas y aún cerca, ya lo extrañaba. Y siempre sería de esa manera. Toda la vida para ser más sincera…
Luego lo vi alejarse como en cámara lenta. Despacio, siempre despacio.
Su mirada ya se perdía en el horizonte pero de la mía sangraban lágrimas aferradas a sus pasos...