Y hoy puede que tenga miedo, que no sea capaz de esperarte como al principio y por eso mismo dude sobre todo y un poco también sobre nada. Porque me contaste ciertas cosas que indirectamente me afectan y lo supiste al instante mismo de decirlas, justo cuando sentiste que mis ojos sellaban viejas palabras. Y eso que no podes verme....
Tenemos que recuperar terrenos, espacios comunes que nos representen lejos el uno del otro, y encontrarnos mas luego, cuando sentimos que perderlo todo ya no tiene el mismo sentido. Como el día que me dijiste lo que sentías y yo me reí al conocer tu segundo nombre. Y fue con esa naturalidad de dos desconocidos que pudimos saber que estábamos destinados a estar juntos. Y hoy un para siempre ya está primero en la lista de nuestros futuros tatuajes.
Los meses pasan y cada nuevo día es un poco más difícil que los otros, y el anterior peleamos por teléfono y casi nos acostamos sin despedirnos. Pero eso nunca nos pasa. Ya atravesamos la barrera de la vergüenza y el orgullo se cansó de querer ocupar un lugar entre nosotros. O me llamas vos o yo te escribo. O es un corazoncito tuyo o una simple manito mía.
Pero el verdadero dolor corre por dentro, porque acá ya es otoño y te extraño, y aunque allá aún sufran resquicios del verano se extraña lo mismo. Un sábado dejó de ser sábado y el domingo ya nos vio tan enojados y cansados que hasta llegué a creer que nos tiene miedo. Y para entonces llega de nuevo el lunes y comienza el círculo de nuevo. Y parece que cada segundo que pasa se cierra más y más y más...dentro y fuera de si mismo.
Ahora por ejemplo él mira una foto tuya y juega con ella, te acaricia y dice papá tantas veces como a mamá nunca jamás lo ha dicho. Y me duele. Me duele tanto que olvido el tiempo que dedico a llorar por que no quiere decirlo. Se que sabe hacerlo, solo que no quiere. Y yo que lo amo más allá de todo límite imaginable lo sufro, y me angustia mucho.
Dicen que se sufre más por lo que imaginamos que por aquello que realmente pasa, y yo creo ser un vivo ejemplo de ello. Y es que en este momento de mi vida donde me siento mejor que nunca las personas parecen ya no querer estar más conmigo. Se alejan y por razones tan pero tan estúpidas que llego a la conclusión de que es un favor que me hacen y no una molestia como se que esperan. Por suerte tengo pequeñas cosas que ellos quieren y no pueden. Y entendí que con muchos viajecitos por el mundo no se reemplaza nunca tener un lugar a donde llegar todos los días.
Donde el alma se arregla es dentro de uno mismo, pero donde el corazón se expande y quiere salirse de sus propios límites es en el cuerpo de otra persona. Y eso también lo tengo. Solo que la distancia me lo lleva tan lejos que por momentos olvido la seguridad que nunca debí haber perdido.
Y mientras tanto me quedo con mi otro crazoncito, el más chiquito, el que no dice mamá.
Todavía...
corazón..
ResponderEliminarLa vida un suspiro y una a veces sufriéndola tanto...ya dirá mamá tantas veces...ya la distancia se hará más corta. Un abrazo.
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