Más allá del cuerpo solo descansa en un sublime recuerdo y apretado en medio del alma se resguarda en un mudo silencio. Secuelas del ayer diluidas en frascos llenos de cemento, y partículas confinadas a convertirse en destino sobre vuelan el aire pero nunca caen delante mío.
Las flores anuncian la llegada de una nueva vida pero mis ojos siempre se nublan buscando excusas que perfectamente los esconden. El lápiz ya no escribe como antes lo hacía y miles de libros sin marca descansan encima de la mesa. Un vaso con agua retiene una nota bajo la inmovilidad de sus pies y mis dedos nunca llegan a sacarla de su encierro.
Si quisiera podría volar e irme lejos. Redescubrir el valor que me habita y de esa forma nutrirme de nuevas y porque no, también añejas y descoloridas fuerzas. Sería posible que así, desalojara a tantos fantasmas que descansan tras mis puertas y forzosamente quitarles mis llaves para que jamás encuentren la forma de vivirme de esa manera.
Más luego me sentaría a morir sobre una piedra. Dibujaría en mi interior cada tonalidad de su apariencia y las haría mías para que su esencia nunca se perdiera. Cerraría mis ojos delante del cielo y con la luna como testigo neutro mordería la incapacidad de mi lengua para poder reescribirlo luego.
Con miedo y convencida de estar sintiéndolo, más tarde tomaría mi cuaderno. Buscaría la marca que recuerdo y lo abriría sin despertarlo. Sus hojas sentirían mi contacto pero no les daría tiempo para tratar de detenerme. Al tenerlo abierto, lo apoyaría levemente sobre mis piernas, leería detenidamente cada palabra que vive en su interior despeinado, y cuando me sienta capaz, (y solo en eso momento), comenzaría a hacerlo…
Arrancaría una a una las hojas del recuerdo, las rompería en silencio y las odiaría entre lágrimas de encierro. Las liberaría de las mismas manías que ayer las crearon y aliviaría el peso que, hasta ese momento, circundaba mis dedos. Las dejaría libres para que mueran en el viento o para que, donde ellas quieran, finalmente se conviertan en fuego. Y no digo cenizas porque estas de alguna forma siempre vuelven y yo, no estoy dispuesta a correr ese riesgo.
El fuego siempre quema y por dentro arde la fluidez de su veneno, pero eso irremediablemente hace que te sientas vivo y es eso, justamente, lo que quiero que haga el tiempo conmigo.
Sí, sobre eso no tengo dudas
hoy también me duele
igual o peor que siempre...
